Mi prometida atacó a mi abuela por su herencia y descubrí su peor secreto
Anteriormente: Carlos regresaba a casa con un ramo de rosas para sorprender a su prometida y a su abuela, pero lo que encontró en el vestíbulo de la mansión cambió su vida para siempre.
Secretos desenterrados del pasado
Carlos se arrodilló de inmediato junto a Margarita, envolviéndola en sus brazos mientras intentaba calmar su respiración entrecortada. La anciana temblaba incontrolablemente, con el rostro pálido y lágrimas corriendo por sus arrugadas mejillas. Sin embargo, Penélope, lejos de mostrar arrepentimiento, se incorporó lentamente del suelo mientras se limpiaba un hilo de sangre de la comisura de los labios. Una sonrisa amarga y desafiante se dibujó en su rostro.
—¿De verdad crees que estás defendiendo a una víctima inocente, Carlos? —escupió Penélope, acomodándose el cabello desordenado—. Tu adorable abuela es una mentirosa y una usurpadora. Toda tu vida ha sido una farsa construida sobre la desgracia de tus padres.Carlos sintió un frío glacial recorrer su columna vertebral. Miró a Margarita, esperando una réplica indignada, pero la anciana desvió la mirada, apretando los labios con una mezcla de pánico y vergüenza. Penélope sacó de su bolso de diseñador un documento antiguo y amarillento, agitándolo en el aire con aire triunfal.

Aquí tengo la prueba de que el accidente de tus padres no fue una tragedia fortuita, y que el testamento original te nombraba a ti como único heredero desde los dieciocho años. Tu abuela falsificó las firmas para mantener el control absoluto de la fortuna y de tu vida.
El mundo de Carlos se derrumbó en un instante. El dolor de la traición de su prometida se mezcló con la aterradora posibilidad de que la mujer que lo había criado fuera una criminal. Penélope avanzó un paso, con los ojos brillando de codicia, y le lanzó una propuesta que era un chantaje directo: si Carlos no firmaba un documento cediéndole la mitad de la mansión y las cuentas familiares, entregaría las pruebas originales a las autoridades esa misma tarde, asegurando que Margarita terminaría sus días tras las rejas de una prisión.
”Una sonrisa amarga y desafiante se dibujó en su rostro.