Mi propia hija me humilló en el hospital sin saber quién era el verdadero dueño
Anteriormente: Margarita solo quería conocer a su nieto recién nacido, pero su hija Aitana y su yerno Eduardo la humillaron públicamente en el hospital. Lo que no sabían era la verdad sobre su fortuna.
El regreso de la verdad
Con el alma rota y las rodillas temblando, Margarita recogió las manzanas que pudo y huyó del pasillo, ahogando sus sollozos. Se sentó en un rincón del vestíbulo principal, intentando asimilar la crueldad de su propia carne. Fue entonces cuando una voz familiar y respetuosa interrumpió su dolor.
—¿Margarita? ¿Qué te ha ocurrido? —preguntó Don Alejandro, el director general de la corporación médica y uno de los hombres más influyentes de la ciudad.

Don Alejandro conocía bien a Margarita. Pocos sabían que la humilde mujer era, en realidad, la heredera legítima de los terrenos sobre los cuales se había edificado todo el complejo hospitalario, conservando por contrato un cuarenta por ciento de las acciones de la empresa familiar. Al verla en ese estado y escuchar el relato de lo sucedido en la planta VIP, el rostro de Don Alejandro se tornó de piedra.
—Esto es inadmisible. Acompáñame, Margarita. Es hora de que pongamos las cosas en su sitio —declaró Don Alejandro con firmeza, ofreciéndole su brazo.
Cuando regresaron al pasillo de la suite, Eduardo seguía allí, hablando por teléfono con arrogancia. Al ver de nuevo a Margarita, soltó una risa burlona, pero la expresión se le congeló de inmediato al reconocer al hombre que la acompañaba. Eduardo trabajaba en una de las firmas de inversión controladas por la junta de Don Alejandro, y su carrera dependía enteramente de su aprobación.
—Señor director... no esperaba verlo aquí —tartamudeó Eduardo, palideciendo al instante—. Esta mujer ha estado molestando a mi esposa en la suite VIP...
—Cállate, Eduardo —le cortó Don Alejandro con una frialdad que heló la sangre del joven—. La mujer a la que acabas de humillar y tirar al suelo no es solo una visita. Es Margarita, la socia mayoritaria de esta corporación y la dueña del suelo que pisas. Y desde este momento, tu contrato con nuestra firma queda rescindido por conducta intolerable.
”Y desde este momento, tu contrato con nuestra firma queda rescindido por conducta intolerable.