Mi propio hijo me tiró al suelo en el hospital para complacer a su esposa
Anteriormente: Cuando Azucena fue a visitar a su hijo recién nacido en un hospital de Madrid, nunca esperó que su propio hijo, Javier, la agrediera físicamente para impresionar a su arrogante esposa.
El encuentro que lo cambió todo
Con el alma rota y las rodillas temblorosas, Azucena se levantó del suelo sin recoger una sola manzana. Las lágrimas nublaban su vista mientras caminaba con la cabeza baja por los pasillos de la clínica, sintiendo que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. ¿Cómo había podido el hijo por el que tanto se había sacrificado tratarla como a un animal herido? Había vendido sus tierras y limpiado casas ajenas para pagar sus estudios de derecho, y este era su pago.
Al llegar al vestíbulo principal, exhausta y llorando, Azucena tropezó con un hombre de cabello canoso y porte distinguido. Era don Alejandro, el director general y propietario de la red de hospitales más importante de España. Al ver el rostro desolado de la anciana, el hombre se detuvo en seco. Tras unos segundos de observación, una chispa de reconocimiento brilló en sus ojos.

—¿Azucena? ¿Eres tú, de verdad? —preguntó don Alejandro con un hilo de voz, tomándola con suavidad de los hombros.
Treinta años atrás, cuando don Alejandro era un joven médico sin recursos y perseguido por las deudas, Azucena y su difunto esposo lo habían cobijado en su humilde hogar, alimentándolo y prestándole el dinero necesario para abrir su primera consulta privada. Nunca le habían pedido nada a cambio. Al ver el estado de su antigua benefactora, don Alejandro la llevó de inmediato a su despacho privado.
Allí, entre tazas de té caliente, Azucena le relató entre sollozos la desgarradora escena que acababa de vivir en la planta de maternidad. A medida que avanzaba el relato, la amabilidad en el rostro de don Alejandro se transformó en una fría y calculadora indignación. Javier trabajaba como asesor legal externo para una de las constructoras que dependían directamente de los contratos de don Alejandro, y Alba provenía de una familia cuya fortuna estaba ligada a las inversiones del hospital. El poderoso empresario decidió que era hora de impartir justicia.
”El poderoso empresario decidió que era hora de impartir justicia.