Segundas oportunidades · Historia

Un motero misterioso me salvó de mi peor enemigo y reveló un secreto familiar

Un motero misterioso me salvó de mi peor enemigo y reveló un secreto familiar — Parte 1
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Un encuentro violento bajo la lluvia

La tarde en el instituto de San Fernando se había teñido de un gris plomizo y una fina llovizna comenzaba a empapar el suelo de la plaza principal. Lucas caminaba a paso apresurado, con la capucha de su sudadera gris oscura cubriéndole la cabeza, intentando pasar desapercibido como hacía cada día. Sin embargo, el destino tenía otros planes. De entre las sombras de los soportales surgió Conrado, el matón indiscutible del último curso, vistiendo su llamativa chaqueta verde de deportes con el escudo del instituto brillando con prepotencia.

Sin mediar palabra, Conrado se plantó frente a Lucas, cerrándole el paso. Con una sonrisa cargada de desprecio, le arrebató la mochila y lo empujó con violencia. Lucas perdió el equilibrio, cayendo de rodillas sobre el pavimento mojado y resbaladizo. El golpe fue seco y doloroso, pero lo que más le dolió fue ver cómo Conrado hurgaba en sus pertenencias hasta encontrar una pequeña cadena de plata con una medalla desgastada, el último recuerdo que Lucas conservaba de su difunta madre.

Un motero misterioso me salvó de mi peor enemigo y reveló un secreto familiar
—Esto ya no te pertenece, perdedor —se mofó Conrado, balanceando la joya ante los ojos llenos de impotencia de Lucas.

Justo cuando Conrado se disponía a guardarse el botín en el bolsillo, un rugido ensordecedor rompió la monotonía del patio. Una imponente motocicleta cruiser de color plateado irrumpió en la plaza, deteniéndose a escasos metros de los jóvenes. El conductor, un hombre de aspecto rudo, barba descuidada y cabello largo y oscuro que asomaba bajo el casco, clavó su mirada severa en el agresor. Era Martín, cuya sola presencia emanaba un aura de peligro y autoridad incuestionable.

Martín apagó el motor, pero no se bajó de inmediato. Miró fijamente a Conrado con desprecio absoluto.

—Atrás, perdedor —dijo Martín con una voz grave que resonó en el patio desierto—. Ya basta, devuélvelo. Ahora.

La firmeza de sus palabras no dejaba espacio para la réplica. Conrado, cuya valentía se desvaneció al instante ante el imponente motero, arrojó la medalla al suelo húmedo y retrocedió lentamente antes de darse la vuelta y huir a toda prisa por las calles aledañas.

Conrado, cuya valentía se desvaneció al instante ante el imponente motero, arrojó la medalla al suelo húmedo y retrocedió lentamente ante…