Un niño desconocido me entregó el broche de mi hermana desaparecida hace años
Anteriormente: Cuando un pequeño desconocido se acercó a Victoria en plena calle y le mostró un broche idéntico al suyo, el doloroso pasado que creía enterrado resurgió de la forma más inesperada.
La sombra de la traición familiar
Victoria tomó al pequeño Mateo de la mano y lo guió lejos de la concurrida avenida. El niño la condujo a través de calles estrechas hasta llegar a un modesto edificio de apartamentos. El ambiente era pesado y Mateo no dejaba de mirar a su alrededor con una paranoia impropia de su edad. Subieron al tercer piso y se encontraron con la puerta del apartamento número 304 entreabierta. Al entrar, el corazón de Victoria se encogió de horror: el lugar había sido completamente saqueado.
Los cajones estaban volcados en el suelo, los libros esparcidos y la cocina mostraba señales de una violenta búsqueda. Mateo corrió llamando a su madre, pero no obtuvo respuesta. Solo el eco de su propia voz angustiada llenaba las habitaciones vacías.

Sobre la mesa del comedor, Victoria descubrió una nota arrugada y manchada. Al reconocer la caligrafía temblorosa de su hermana Sofía, la leyó con desesperación. Las palabras escritas en el papel desataron un infierno en su mente:
«Victoria, si tienes esto, es porque Mateo te encontró. Perdóname por haber huido hace diez años. No tuve opción. Ellos me encontraron y vienen por mí. No confíes en nadie, especialmente en tu propio esposo, Alejandro. Él sabe todo.»
Victoria se quedó helada. ¿Alejandro? ¿El hombre con el que se había casado tres años después de la desaparición de su hermana? Él había sido el abogado encargado del caso de Sofía. Fue su apoyo incondicional en sus peores momentos. La revelación de que su matrimonio era una farsa construida sobre mentiras y traición la dejó sin respiración.
Antes de que pudiera procesar el dolor, el sonido de pasos pesados resonó en el pasillo. La puerta se abrió de golpe, revelando a dos hombres corpulentos vestidos de traje oscuro. Detrás de ellos, con una mirada fría y calculadora que Victoria jamás le había visto antes, entró Alejandro.
—Vaya, Victoria. Veo que finalmente encontraste el cabo suelto que dejé hace diez años —dijo Alejandro con una sonrisa cínica—. Es una lástima que hayas tenido que involucrarte en esto.
Victoria protegió a Mateo detrás de ella, sintiendo cómo el miedo se transformaba en una furia incontrolable.
”Es una lástima que hayas tenido que involucrarte en esto.Victoria protegió a Mateo detrás de ella, sintiendo cómo el miedo se transformab…