Una oficial de prisiones se enfrenta a la reclusa que destruyó a su familia
Anteriormente: Sara pensó que su trabajo como oficial de prisiones sería tranquilo, hasta que Amanda, la mujer que destruyó su vida en el pasado, entró por las puertas de la cárcel sedienta de venganza.
La trampa en la penumbra de la dirección
La aparente victoria en el patio se desvaneció pocas horas después, cuando la megafonía del módulo ordenó a Sara presentarse de inmediato en el despacho del Director Merino. Al cruzar el umbral de la oficina, decorada con paneles de madera oscura y diplomas antiguos, Sara comprendió que la agresión de Amanda no había sido un arrebato de ira, sino una provocación meticulosamente calculada. Junto al director, se encontraba un hombre de traje impecable y sonrisa gélida: don Julián, el abogado de confianza de la familia de Amanda.
Sobre el escritorio del director se reproducía un bucle de vídeo en una tableta. La grabación de la cámara de seguridad del patio había sido editada con precisión quirúrgica. El metraje comenzaba justo en el momento en que Sara esquivaba el golpe y derribaba a Amanda, omitiendo por completo la provocación de los desperdicios y el ataque inicial de la interna. El director Merino miró a Sara con una severidad impostada, cruzando las manos sobre la mesa.

La conducta que muestra este vídeo es inaceptable para una funcionaria de este centro, agente —dijo Merino con frialdad—. Nos enfrentamos a una demanda penal por abuso de autoridad que podría acabar con usted en prisión.
El director se levantó y abandonó el despacho bajo el pretexto de atender una llamada, dejándola a solas con el abogado. Fue entonces cuando don Julián reveló sus verdaderas cartas. Deslizó un documento sobre el escritorio y miró a Sara con ojos de reptil. Sabían perfectamente quién era ella y la relación que la unía con su difunto hermano, el joven que supuestamente se había suicidado en otra prisión tras ser incriminado por Amanda.
Tiene dos opciones, señorita —susurró el abogado—. O firma esta renuncia voluntaria admitiendo el uso desproporcionado de la fuerza, o presentaremos documentos que implican a su difunto hermano en una red de contrabando dentro de la cárcel. Su memoria quedará manchada para siempre y usted compartirá patio con Amanda, pero sin uniforme.
Sara sintió que el aire le faltaba. A través del cristal del despacho, vio a Amanda en el pasillo custodiada por otro guardia, sonriéndole con malicia. El bolígrafo en la mano de Sara temblaba; salvar su honor significaba destruir la memoria de la única persona que había amado.
”El bolígrafo en la mano de Sara temblaba; salvar su honor significaba destruir la memoria de la única persona que había amado.