El oscuro secreto bajo la venda de mi hija desató una pesadilla en la feria
Anteriormente: Sebastián descubre un rastreador GPS oculto en el hombro de su pequeña hija Lucía. Al buscar respuestas, una peligrosa banda de motociclistas los acorrala en un oscuro estacionamiento.
Las dos motocicletas pesadas se detuvieron frente a ellos en un chirrido de neumáticos sobre el asfalto mojado. Los conductores, vestidos con chaquetas oscuras y cascos negros, apagaron los motores. El líder se levantó la visera del casco, revelando un rostro que Sebastián reconoció de inmediato: era Javier, el hermano menor de su exesposa Carmen. Un criminal de poca monta que siempre andaba metido en problemas de drogas y deudas.
Una traición imperdonable
—Vaya, Sebastián, veo que encontraste el juguete —dijo Javier con una sonrisa burlonamente fría—. Nos ahorraste el trabajo de buscar a la niña.

Héctor y Nico dieron un paso al frente con las manos en la cintura, pero el segundo motociclista sacó de inmediato una pistola y la apuntó directamente al pecho de Héctor. El ambiente se volvió gélido.
—No den un paso más si valoran sus vidas —advirtió el hombre armado.
—¿Dónde está Carmen y qué significa esto? —exigió Sebastián, cubriendo a Lucía con su imponente cuerpo.
—Carmen nos debe más dinero del que podrás ganar en toda tu miserable vida —respondió Javier, bajando de la motocicleta—. Como no tenía con qué pagar, nos entregó a la niña. Es un intercambio justo para saldar su cuenta con la organización.
La revelación golpeó a Sebastián como un mazo en el pecho. Su exesposa había vendido a su propia hija para salvarse. Mientras la pequeña Lucía sollozaba aferrada a su pierna, Sebastián buscó desesperadamente una salida en el oscuro estacionamiento. Fue entonces cuando su mirada se fijó en un pequeño broche metálico en la solapa de Javier: el emblema de Don Alejandro, el jefe supremo de la mafia local.
Sebastián metió la mano lentamente en su bolsillo y sacó su teléfono celular. Javier se rió, pensando que iba a rogar o a intentar transferir dinero. Sin embargo, Sebastián presionó una tecla de marcación rápida y activó el altavoz. Al cabo de dos tonos, una voz profunda y sumamente respetada respondió al otro lado de la línea, haciendo que la sonrisa de Javier se congelara al instante.
”Al cabo de dos tonos, una voz profunda y sumamente respetada respondió al otro lado de la línea, haciendo que la sonrisa de Javier se con…