Un padre motero arriesga todo para salvar a su hija de un destino fatal
Anteriormente: Claudia pensaba que su padre la había abandonado para siempre, pero cuando su novio Martín mostró su verdadera y peligrosa cara, un viejo motero apareció para saldar una cuenta pendiente.
La tensión estalla en el cemento
La provocación de Leo fue el detonante de una situación que ya era insostenible. Martín, al verse acorralado y notar que la chulería de su amigo no amedrentaba al gigante de cuero, entró en pánico. Con un movimiento rápido y torpe, sacó del bolsillo de su sudadera una navaja automática. El sonido del resorte al abrirse cortó el aire húmedo como un látigo. Claudia ahogó un grito al sentir el frío metal peligrosamente cerca de su mejilla.
Jaime permaneció inmóvil, pero sus músculos se tensaron bajo la cazadora. Cada fibra de su cuerpo estaba lista para el combate, aunque sabía que un paso en falso pondría en peligro la vida de su hija. "No des un paso más, viejo, o juro que la rajo aquí mismo", amenazó Martín, cuya mano temblaba visiblemente debido a la adrenalina y al miedo.

Fue en ese instante de máxima tensión cuando el rugido ensordecedor de varios motores de gran cilindrada comenzó a acercarse por los caminos de tierra del parque. Tres motocicletas más, pilotadas por miembros del club de Jaime, aparecieron en la entrada de la cancha, bloqueando por completo cualquier vía de escape. Eran hombres corpulentos, curtidos, que apagaron sus motores al unísono, dejando que un silencio sepulcral se apoderara del lugar.
Leo, al ver que la situación se había desbordado y que ya no se trataba de intimidar a una chica indefensa, tiró la lata de refresco al suelo y dio varios pasos hacia atrás. Sin mirar a su amigo Martín, el cobarde joven echó a correr hacia la arboleda, desapareciendo de la vista de todos.
Martín se quedó completamente solo, acorralado por cuatro moteros imponentes y con la navaja aún rozando la piel de Claudia. Su respiración era agitada, y la desesperación en su rostro evidenciaba que sabía que no tenía escapatoria. Jaime dio un paso corto al frente, manteniendo sus manos visibles pero con la mirada fija en el arma de Martín, buscando el milisegundo perfecto para desarmarlo.
”Jaime dio un paso corto al frente, manteniendo sus manos visibles pero con la mirada fija en el arma de Martín, buscando el milisegundo p…