Secretos de familia · Historia

Mi padre motero se enfrentó a peligrosos delincuentes para salvar mi vida

Mi padre motero se enfrentó a peligrosos delincuentes para salvar mi vida — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Claudia se vio atrapada por un violento grupo de jóvenes en el parque del barrio, nunca imaginó que el pasado de su padre motero regresaría para salvarla de la peor manera posible.

El rugido de la hermandad

La advertencia de Jaime no detuvo a los jóvenes. Al contrario, Leo hizo una señal con la mano y de las sombras de los vestuarios abandonados surgieron otros tres pandilleros armados con barras de hierro. Martín, aprovechando la distracción, comenzó a arrastrar a Claudia hacia la parte trasera del recinto, donde un coche viejo esperaba con el motor en marcha. La situación era crítica; un solo movimiento en falso y Jaime perdería a su hija para siempre.

Sin embargo, Jaime no era un simple anciano indefenso. Con una parsimonia que desconcertó a sus oponentes, sacó un viejo teléfono móvil y marcó un número rápido. No llamó a emergencias. Su llamada fue directa al hombre que lideraba la hermandad que él mismo había ayudado a fundar décadas atrás.

Mi padre motero se enfrentó a peligrosos delincuentes para salvar mi vida
Héctor. En las canchas del parque central. Trae a los muchachos.

Leo se rio con desprecio, creyendo que se trataba de un farol desesperado. El joven levantó la barra de metal, listo para golpear a Jaime en la cabeza. Pero antes de que el hierro pudiera rozar su chaqueta, un rugido ensordecedor y unísono comenzó a retumbar en la distancia. El suelo bajo sus pies empezó a vibrar con una intensidad sísmica.

De repente, los faros de más de veinte imponentes motocicletas de alta cilindrada irrumpieron en el parque, rompiendo la penumbra de la tarde gris. Una muralla de acero y cuero rodeó por completo las canchas de baloncesto, bloqueando todas las salidas, incluido el coche de escape de Martín. Decenas de hombres corpulentos y de miradas duras descendieron de sus máquinas, liderados por Héctor, un gigante de barba canosa que se colocó de inmediato al lado de Jaime.

¿Quién de estos críos es el que tiene el problema, hermano?

Preguntó Héctor con voz de trueno, mientras los jóvenes pandilleros dejaban caer sus armas al suelo, paralizados por el terror absoluto ante la presencia de la legendaria banda.

Decenas de hombres corpulentos y de miradas duras descendieron de sus máquinas, liderados por Héctor, un gigante de barba canosa que se c…