Secretos de familia · Historia

Un padre olvidado arriesga todo para salvar a su hija de un novio violento

Un padre olvidado arriesga todo para salvar a su hija de un novio violento — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Claudia se vio acorralada por los celos enfermizos de Martín, jamás imaginó que su salvación vendría del hombre al que había odiado en secreto durante toda su vida: su propio padre.

La advertencia de Jaime dejó a Leo completamente mudo. La soberbia del joven se desvaneció al instante ante la imponente presencia del veterano motero, obligándolo a dar varios pasos atrás y perderse entre la pequeña multitud. Sin embargo, Martín no se dejó intimidar tan fácilmente. Al contrario, la aparición de Jaime pareció desatar aún más su paranoia. Con un movimiento rápido y desesperado, sacó una navaja automática del bolsillo de su sudadera, presionando la hoja brillante contra el cuello de Claudia.

Una deuda de sangre no resuelta

—¡No te acerques, viejo! —amenazó Martín, con la mano temblorosa pero los ojos inyectados en rabia—. Sé quién eres. Sé lo que haces con tu banda. Si das un paso más, juro que la degüello aquí mismo.

Un padre olvidado arriesga todo para salvar a su hija de un novio violento

Claudia cerró los ojos, esperando lo peor. Pero Jaime no retrocedió ni un solo milímetro. En lugar de mostrar pánico, metió la mano izquierda en el bolsillo interior de su chaleco de cuero y extrajo un sobre de papel manila doblado, arrojándolo con desdén sobre el cemento húmedo, justo a los pies de Martín.

—No eres más que un cobarde, Martín —dijo Jaime con una calma que resultaba aterradora—. Sé perfectamente quién eres. Sé que fuiste tú quien robó el cargamento de piezas de la sede de mi club en Vigo. Y también sé que le debes medio millón de euros a la gente equivocada.

El rostro de Martín se tornó de un color gris ceniza. La revelación cayó sobre él como un balde de agua helada. Su control sobre Claudia se aflojó por una fracción de segundo, la suficiente para que su seguridad se desmoronara por completo. El gran secreto que creía haber ocultado tan bien estaba expuesto a plena luz del día.

—¿Cómo... cómo sabes eso? —tartamudeó Martín, perdiendo la firmeza en la voz.

—Porque la gente a la que le robaste trabaja para mí —respondió Jaime, dando un paso lento pero decisivo hacia adelante—. Y hoy he venido a cobrar la deuda. Tienes dos opciones: o la sueltas ahora mismo y te enfrentas a mí, o te aseguro que no saldrás vivo de este parque.

Tienes dos opciones: o la sueltas ahora mismo y te enfrentas a mí, o te aseguro que no saldrás vivo de este parque.