Pensaron que me quebrarían en prisión, pero no sabían con quién se estaban metiendo
Anteriormente: Jimena solo quería cumplir su condena en silencio por un crimen que no cometió, pero cuando la matona de la prisión intentó doblegarla, desató una fuerza que nadie esperaba.
La sombra de la traición
La victoria en el comedor le otorgó a Jimena un respeto temporal, pero en la prisión las treguas duran poco. Esa misma noche, una sombra se deslizó frente a su celda y dejó caer un pedazo de papel arrugado por la rendija de la puerta metálica. Cuando Jimena lo desdobló bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por los barrotes, sintió que el mundo se detenía. El papel contenía una serie de instrucciones detalladas con una caligrafía que conocía a la perfección: la de su hermana Laura.
La carta iba dirigida a uno de los funcionarios corruptos del penal. En ella, Laura acordaba un pago millonario para asegurar que Jimena sufriera un "accidente mortal" en las duchas antes de la fecha de la apelación judicial. Para colmo de males, la carta mencionaba que Begoña era el brazo ejecutor contratado dentro del penal. Jimena sintió una mezcla de dolor profundo y rabia helada. Su propia hermana no solo la había incriminado en el desfalco de la empresa familiar, sino que ahora pagaba para silenciarla para siempre.

A la mañana siguiente, durante la hora del patio, Jimena decidió que la mejor defensa era un ataque estratégico. En lugar de esconderse, buscó activamente a Begoña. La matona estaba rodeada de sus secuaces, con los puños cerrados y los ojos inyectados en sangre, ansiosa por cobrarse la humillación del día anterior. Las presas se apartaron, anticipando una batalla campal en el asfalto gris.
—¿Quieres terminar lo de ayer? —desafió Begoña, dando un paso al frente con el rostro desencajado.
—Quiero mostrarte cuánto vale tu vida para la gente que te contrata —respondió Jimena de manera firme, extendiendo el papel arrugado hacia ella—. Lee esto antes de dar un paso más.
Begoña, desconfiada, le arrebató la nota. A medida que sus ojos recorrían las líneas escritas por Laura, su expresión de furia se transformó en una de absoluta estupefacción. La carta no solo ordenaba la muerte de Jimena, sino que también instruía al guardia corrupto para deshacerse de la "ejecutora" una vez cumplido el encargo, para no dejar cabos sueltos. Begoña comprendió en ese instante que estaba cavando su propia tumba.
”Begoña comprendió en ese instante que estaba cavando su propia tumba.