Traición · Ficción breve

Una presa inocente descubre la traición de su esposo tras las rejas de la cárcel

Una presa inocente descubre la traición de su esposo tras las rejas de la cárcel — Parte 2
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Anteriormente: Sara cumple una condena por un delito que no cometió. Cuando una peligrosa reclusa la ataca en el patio, descubre que su propio esposo pagó para que la silenciaran para siempre.

La sombra de una conspiración exterior

La aparente victoria en el patio no tardó en desencadenar una tormenta mucho más peligrosa. Esa misma noche, durante el cierre de celdas, el guardia Delgado arrastró a Sara hacia una oficina vacía fuera del alcance de las cámaras de seguridad. Lejos de imponerle una sanción administrativa, el oficial la empujó contra la pared con una sonrisa gélida que revelaba sus verdaderas intenciones.

¿Te crees muy lista por haber derribado a Begoña? Ella solo era la primera de la lista. Tu querido exesposo, Javier, tiene los bolsillos muy llenos y quiere asegurarse de que no llegues viva a la apelación de la próxima semana.

Las palabras de Delgado confirmaron las peores sospechas de Sara. Su juicio de apelación representaba la única oportunidad para demostrar su inocencia. Su abogada, Lucía, había logrado rastrear las cuentas fantasmas que Javier utilizó para incriminarla, pero necesitaba que Sara ratificara las firmas originales en la sala del tribunal. Javier estaba dispuesto a todo, incluso al asesinato, para evitar que la verdad saliera a la luz.

Una presa inocente descubre la traición de su esposo tras las rejas de la cárcel

Al día siguiente, Lucía solicitó una visita extraordinaria de urgencia. Era el momento decisivo. Sara guardaba celosamente entre sus pertenencias un documento manuscrito con las claves de acceso a los servidores de su antigua empresa, la prueba reina que destruiría la coartada de Javier. Sin embargo, justo cuando Sara cruzaba el pasillo subterráneo que conectaba los módulos con la zona de locutorios, la alarma general de la prisión comenzó a sonar con un estruendo ensordecedor.

Un supuesto conato de motín provocó el cierre automático de las compuertas de seguridad. En medio del parpadeo rojo de las luces de emergencia, Sara se vio repentinamente acorralada por tres de las aliadas más peligrosas de Begoña. El guardia Delgado, que debía custodiarla, retrocedió con una sonrisa cómplice y cerró la pesada puerta de hierro a sus espaldas, dejándola completamente desprotegida ante sus verdugos.

El guardia Delgado, que debía custodiarla, retrocedió con una sonrisa cómplice y cerró la pesada puerta de hierro a sus espaldas, dejándo…