Segundas oportunidades · Historia

La presa más peligrosa arriesgó su vida por salvar a una joven inocente

La presa más peligrosa arriesgó su vida por salvar a una joven inocente — Parte 2
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Anteriormente: Claudia pensó que su primera semana en prisión sería la última cuando la jefa del patio la acorraló. Lo que no esperaba era que Blanco, la reclusa más temida, interviniera para cambiar su destino.

El peso del pasado

Durante las semanas siguientes, Claudia se convirtió en la protegida de Blanco. Nadie en el patio se atrevía a mirarla dos veces mientras caminara al lado de la mujer de la cabeza rapada. Sin embargo, Claudia no lograba comprender el motivo de aquella generosidad. En Cruz del Sur, nadie regalaba nada sin esperar algo a cambio, y la desconfianza era la única moneda de cambio que nunca perdía valor.

Una noche, aprovechando el silencio del taller de costura durante el turno de limpieza nocturna, Claudia confrontó a su salvadora. Necesitaba respuestas antes de que la incertidumbre la volviera loca.

La presa más peligrosa arriesgó su vida por salvar a una joven inocente
—¿Por qué lo haces, Blanco? —preguntó Claudia, con la voz temblorosa pero decidida—. No me conoces de nada. Te jugaste el pellejo por mí frente a Sara y sigues protegiéndome. ¿Qué quieres de mí?

Blanco detuvo su tarea, suspiró profundamente y extrajo del bolsillo de su gastada chaqueta una fotografía vieja y arrugada. Se la extendió a Claudia. En la imagen, dos mujeres jóvenes sonreían abrazadas frente a un coche antiguo. Una de ellas era Blanco, mucho más joven y sin cicatrices; la otra era Leonor, la madre de Claudia.

—Tu madre y yo éramos inseparables hace veinte años —confesó Blanco, con una mezcla de nostalgia y dolor en su voz—. Planeamos un golpe financiero que salió mal. Ella era la mente brillante, yo era la que ejecutaba. Cuando la policía nos acorraló, Leonor huyó con el dinero para salvar a su familia... para salvarte a ti, que apenas eras un bebé. Yo asumí toda la culpa y pagué con mi juventud.

Claudia sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. La madre que siempre había considerado un ejemplo de rectitud ocultaba un pasado criminal y una traición imperdonable.

—Ella te dejó aquí... —susurró Claudia, horrorizada.
—Sí, pero tú no tienes la culpa de los pecados de tu madre —respondió Blanco, mirándola fijamente—. Cuando te vi entrar por esas puertas, juré que no permitiría que este lugar te destruyera como me destruyó a mí. Pero tenemos un problema: Sara ha descubierto quién eres, y planea cobrarse la deuda de tu madre conmigo usando tu vida como moneda de cambio.

Pero tenemos un problema: Sara ha descubierto quién eres, y planea cobrarse la deuda de tu madre conmigo usando tu vida como moneda de ca…