Traición · Ficción breve

Su prometido la traicionó enviándola a prisión, pero una reclusa cambió su destino

Su prometido la traicionó enviándola a prisión, pero una reclusa cambió su destino — Parte 2
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Anteriormente: Sara aceptó la culpa de un delito para proteger a su prometido, pero tras las rejas descubrió que él había pagado a la reclusa más peligrosa para silenciarla para siempre.

El filo de la desesperación

La victoria en el patio solo sirvió para pintar un blanco más grande en la espalda de Sara. Ella sabía perfectamente que Dolores no actuaba por capricho; alguien desde el exterior estaba moviendo los hilos. Su ex-prometido, Hugo, el hombre por el cual ella había aceptado una condena de seis años de prisión para proteger su fraudulento imperio financiero, quería silenciarla antes de que su apelación prosperara.

Esa misma noche, el ambiente en el pabellón era inusualmente silencioso. El chirrido metálico de la puerta de su celda al abrirse de par en par alertó a Sara. El guardia de turno, visiblemente comprado, había desaparecido de la sección. Presintiendo el peligro, Sara se dirigió con cautela hacia las duchas comunes, el único lugar donde la densa niebla del vapor de agua caliente ofrecía cierta cobertura.

Su prometido la traicionó enviándola a prisión, pero una reclusa cambió su destino

Allí, entre los azulejos húmedos y el eco del agua goteando, la silueta masiva de Dolores volvió a emerger de la oscuridad. Esta vez, sin embargo, sostenía un pincho carcelario de metal afilado en su mano derecha.

—Te costará caro haberme humillado hoy, niñata —siseó Dolores, con los ojos inyectados en sangre—. De aquí no sales viva.

Sara no retrocedió ni un milímetro. Sabía que la violencia física no la salvaría esta vez; necesitaba usar la verdad como escudo.

—¿Cuánto te pagó Hugo por matarme, Dolores? —preguntó Sara con una calma gélida—. ¿Cincuenta mil euros? Déjame decirte algo: ese hombre es un estafador profesional. Las cuentas con las que prometió pagar la operación de corazón de tu hija en el extranjero están congeladas por la justicia. Te está utilizando para hacer su trabajo sucio, y cuando yo muera, él desaparecerá y tu hija se quedará sin nada.

La revelación golpeó a Dolores con más fuerza que cualquier puñetazo. El pincho carcelario tembló en su mano mientras las lágrimas de una madre desesperada comenzaban a mezclarse con el agua de las duchas.

El pincho carcelario tembló en su mano mientras las lágrimas de una madre desesperada comenzaban a mezclarse con el agua de las duchas.