Protegí a una anciana en prisión sin saber que era la madre de mi peor enemigo
El patio del peligro
El sol del mediodía caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de Soto del Real. Para Sofía, cada rincón de aquel lugar era un recordatorio constante de la injusticia que la mantenía encerrada. Rodeada de muros de piedra gris y alambradas que cortaban el cielo, trataba de mantener la cabeza baja y el cuerpo en forma, realizando su rutina de ejercicios diarios en silencio.
A pocos metros, Margarita, una reclusa de avanzada edad y mirada cansada, caminaba despacio vistiendo el chándal reglamentario. Margarita era la única persona en ese infierno que no mostraba malicia, una presencia casi maternal que Sofía observaba con un respeto silencioso. Sin embargo, en un lugar gobernado por la ley del más fuerte, la bondad era vista como una debilidad intolerable.

De repente, un violento impacto interrumpió la relativa calma. Un balón de fútbol, pateado con una fuerza desmedida y malintencionada, golpeó de lleno la espalda de Margarita, haciéndola caer pesadamente al suelo. Sofía no tardó ni un segundo en reaccionar; corrió hacia la anciana y se arrodilló a su lado para ayudarla a incorporarse.
—¿Se encuentra bien, Margarita? —preguntó Sofía, mientras limpiaba la arena de las manos temblorosas de la mujer.
Antes de que pudiera responder, una risa fría resonó sobre sus cabezas. Era Begoña, una de las reclusas más conflictivas y peligrosas del módulo, secundada por Carla, una imponente mujer rubia de constitución robusta que siempre actuaba como su brazo ejecutor.
—La pelota ha dado justo donde debía, ¿verdad? —siseó Begoña con una mueca de crueldad—. Se acabó para ti, vieja estúpida.
Cuando Begoña se lanzó con un puñetazo directo hacia Margarita, Sofía se interposo con la velocidad de un felino. Bloqueó el golpe con precisión militar y, girando sobre sus talones, encaró a Carla, quien ya se abalanzaba sobre ella con intenciones brutales. Con un movimiento fluido, Sofía conectó un rodillazo seco en el abdomen de la giganta, seguido de un fulminante reverso de puño que la mandó directa al suelo del patio. Con las amenazas neutralizadas temporalmente, Sofía volvió a centrar su atención en Margarita, levantándola con suavidad ante la mirada atónita de las demás presas.
”Con las amenazas neutralizadas temporalmente, Sofía volvió a centrar su atención en Margarita, levantándola con suavidad ante la mirada a…