Protegí a una anciana en prisión sin saber que cambiaría mi destino para siempre
Anteriormente: Tras defender a Clara, una anciana indefensa en la cantina de la prisión, Sara se convierte en el blanco de las reclusas más peligrosas. Lo que no imagina es la verdadera identidad de la mujer a la que salvó.
Secretos tras las rejas
El traslado a la enfermería fue un alivio temporal, pero la tensión seguía flotando en el ambiente. Mientras el médico de guardia limpiaba la herida de Clara, la anciana apretó la mano de Sara con una fuerza inesperada. Sus ojos, empañados por las lágrimas, reflejaban un profundo agradecimiento, pero también un terror absoluto.
—No debiste hacerlo, Sara. Ahora estás en su lista de objetivos —susurró Clara con un hilo de voz—. Begoña no actúa sola. Ella recibe órdenes de afuera.
Sara frunció el ceño, confundida. Clara, mirando de reojo hacia la puerta para asegurarse de que nadie escuchaba, comenzó a revelar una verdad que heló la sangre de Sara. Clara no era una prisionera común; era la madre de Alejandro, el poderoso fiscal que había llevado el caso de Sara y la había condenado sin piedad. Alejandro, aliado con el exesposo de Sara, había orquestado todo el fraude millonario. Cuando Clara descubrió las pruebas físicas que incriminaban a su propio hijo y al exesposo de Sara, Alejandro no dudó en fabricar cargos falsos contra su propia madre para encerrarla en el penal y silenciarla.

La revelación golpeó a Sara como un balde de agua fría. Las piezas del rompecabezas finalmente encajaban. Su injusto encierro y la presencia de Clara en el mismo pabellón no eran una coincidencia. Al regresar a su celda esa noche, Sara confirmó sus peores temores al encontrar un trozo de papel arrugado sobre su litera con un mensaje directo: "Disfruta de tu última noche. Mañana no amanecerás".
A la mañana siguiente, el ambiente en el pasillo principal durante el recuento era asfixiante. Begoña reapareció con una venda en la mandíbula y una mirada cargada de odio asesino. Oculto bajo su manga, Sara pudo distinguir el brillo metálico de un objeto afilado. Begoña y sus secuaces comenzaron a acorralar a Sara y a Clara contra la pared, aprovechando un punto ciego de las cámaras de seguridad. Justo cuando Begoña levantó el arma improvisada para atacar, las alarmas de la prisión comenzaron a sonar con fuerza y las puertas metálicas se bloquearon automáticamente.
”Justo cuando Begoña levantó el arma improvisada para atacar, las alarmas de la prisión comenzaron a sonar con fuerza y las puertas metáli…