Protegí a una anciana en prisión sin saber el secreto que ella ocultaba
Anteriormente: Siena no dudó en arriesgar su vida para salvar a una anciana indefensa en el rudo comedor de la cárcel, desatando una peligrosa cadena de secretos familiares.
Un secreto tras las rejas
La calma duró poco en el penal. Dos días después, durante la hora del patio, Maite se acercó a Siena con el rostro demacrado. La anciana temblaba bajo el sol pálido de la tarde. «Siena, tienes que alejarte de mí», le suplicó con la voz entrecortada por el llanto. «Brunilda no actúa sola. Alguien afuera le está pagando una fortuna para que me asesine antes de mi juicio». Siena frunció el ceño, desconcertada por la revelación de la anciana, a quien creía una simple reclusa sin recursos.
Fue en ese momento cuando Maite le confesó la verdad. Ella era la única heredera de un imperio financiero multimillonario. Había sido incriminada de manera falsa para arrebatarle el control de sus empresas. Pero el verdadero golpe al corazón de Siena llegó cuando Maite pronunció el nombre del cerebro detrás de toda la conspiración: Carlos Ortiz. El mismo Carlos que era el esposo de Siena, el hombre que le juraba amor en cada visita y prometía sacarla de allí.

Siena sintió que el mundo se desmoronaba. Carlos la había utilizado, manipulando las pruebas para que ella también terminara en prisión, neutralizándola para que no interfiriera en su ambicioso plan de apoderarse de la fortuna de Maite. Y ahora, al defender a la anciana, Siena se había convertido en un cabo suelto que su propio esposo deseaba eliminar.
Esa misma noche, las luces de la galería se apagaron de forma imprevista. El pasillo quedó sumido en una oscuridad total. Siena escuchó el crujido metálico de su celda abriéndose. Tres siluetas, lideradas por una Brunilda armada con un objeto punzante, entraron sigilosamente. El peligro era inminente, pero Siena estaba lista para luchar por su supervivencia.
”El peligro era inminente, pero Siena estaba lista para luchar por su supervivencia.