Segundas oportunidades · Historia

Una reclusa defendió a la víctima de la prisión sin saber el secreto que ocultaba

Una reclusa defendió a la víctima de la prisión sin saber el secreto que ocultaba — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Maia intervino para salvar a Sara de una humillación en las duchas de la cárcel, no imaginaba que su acto de valentía desenterraría un secreto del pasado que las unía.

El precio de la justicia

La victoria de Maia en las duchas no tardó en extenderse por los pasillos del penal. Aunque las reclusas guardaron silencio frente a los funcionarios, la tensión en el ambiente era casi palpable. Maia sabía perfectamente que humillar a Begoña conllevaba una sentencia de muerte no escrita. Sin embargo, lo que no esperaba era la revelación que Sara le haría pocas horas después en la penumbra del comedor.

Con las manos aún temblorosas, Sara se sentó al lado de su salvadora. En un susurro apenas audible, le confesó que su presencia en prisión no era un accidente. Había sido la contable principal de una gran constructora madrileña y poseía copias de documentos confidenciales que demostraban una red de sobornos a altos cargos judiciales. La habían inculpado falsamente para destruir su credibilidad antes del juicio de apelación.

Una reclusa defendió a la víctima de la prisión sin saber el secreto que ocultaba

«Begoña no me ataca por diversión, Maia. Le pagan desde fuera para que yo nunca llegue a testificar en la apelación la próxima semana», confesó Sara, con los ojos llenos de terror.

Antes de que Maia pudiera procesar la gravedad de la situación, una alarma ensordecedora comenzó a sonar en el patio exterior. El parpadeo de las luces rojas de emergencia indicó un altercado provocado en el ala oeste, lo que obligó a la mayoría de los guardias a abandonar el patio central. Fue una distracción perfecta y coordinada.

De repente, tres de las aliadas de Begoña cerraron las salidas del patio. Begoña emergió de las sombras del callejón de talleres, mostrando un rostro desfigurado por el odio y sosteniendo un pincho metálico afilado artesanalmente. «Se acabó tu suerte, bonita», amenazó Begoña, acorralándolas contra la verja. Las pocas presas presentes se retiraron aterrorizadas, dejando a Maia y a Sara solas frente a una muerte inminente.

Las pocas presas presentes se retiraron aterrorizadas, dejando a Maia y a Sara solas frente a una muerte inminente.