Secretos de familia · Historia

Una reclusa defendió a una anciana sin saber el impactante secreto que las unía

Una reclusa defendió a una anciana sin saber el impactante secreto que las unía — Parte 2
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Anteriormente: Estela arriesgó su propia vida en prisión para salvar a una anciana indefensa de una paliza brutal. Lo que no imaginaba era que esa mujer de cabello gris guardaba la llave de su propio pasado.

El altercado en las cocinas le costó a Estela tres días de aislamiento, pero el verdadero peligro apenas comenzaba. Al regresar a las galerías comunes, se percató de que las miradas de las demás reclusas habían cambiado; ahora la veían como una protectora, pero también como un blanco andante. Esa misma noche, aprovechando el desorden durante el recuento nocturno, Estela logró colarse en la enfermería donde Mirta se recuperaba de las secuelas del ataque.

La verdad desenterrada

La anciana, al ver entrar a su salvadora, rompió a llorar en silencio. Lejos de la mirada de los guardias, Mirta tomó las manos de Estela con una calidez maternal que la joven no había sentido en años. Fue en ese rincón sombrío donde la anciana confesó un secreto que sacudió los cimientos de la realidad de Estela.

Una reclusa defendió a una anciana sin saber el impactante secreto que las unía
—No fue casualidad que Greta me atacara, Estela —susurró Mirta con la voz entrecortada—. Y tampoco es casualidad que tú y yo estemos en esta misma prisión. Yo conozco tu pasado, sé quién eres y sé que eres completamente inocente del fraude por el que te condenaron.

Estela sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Mirta explicó que, años atrás, había trabajado como la contable de confianza de Alberto, el ambicioso padrastro de Estela. Ella había descubierto la elaborada trampa financiera que Alberto había diseñado para culpar a su hijastra y arrebatarle la herencia familiar. Mirta poseía los documentos originales que demostraban la falsificación de firmas y la inocencia de Estela, guardados bajo llave en una caja de seguridad externa.

Sin embargo, el poder de Alberto se extendía incluso detrás de los muros de la prisión. Al enterarse de que Mirta planeaba entregar las pruebas al abogado de Estela, el hombre había movido sus hilos corruptos, sobornando no solo a Greta para que la asesinara en la cocina, sino también al jefe de seguridad del penal, el sargento Torres, para que cubriera el crimen como un trágico accidente doméstico.

Al enterarse de que Mirta planeaba entregar las pruebas al abogado de Estela, el hombre había movido sus hilos corruptos, sobornando no s…