Regresó convertida en millonaria para salvar a la mujer que la alimentó de niña
Anteriormente: Hace veinte años, Marta le regaló una hamburguesa a una niña hambrienta. Hoy, esa niña ha vuelto convertida en una poderosa empresaria dispuesta a saldar su deuda de la forma más inesperada.
La amenaza del progreso
Marta, cuyas manos ahora mostraban las arrugas del paso del tiempo y del trabajo duro, limpiaba el mostrador con cansancio. De repente, la elegante mujer se plantó ante ella con una sonrisa nostálgica que iluminaba su rostro.
—Algún día te lo devolveré —pronunció Lucía, recreando la escena de su infancia.
Al escuchar aquellas palabras, Marta se quedó inmóvil. Miró fijamente los ojos de la sofisticada empresaria y, tras unos segundos de incredulidad, reconoció a la niña de la coleta desordenada. Las lágrimas de emoción no tardaron en brotar, y ambas se fundieron en un emotivo abrazo que borraba dos décadas de ausencia. Sin embargo, la burbuja de nostalgia se rompió abruptamente con la llegada de un hombre de aspecto arrogante.

Era don Alejandro, un influyente promotor inmobiliario conocido por su falta de escrúpulos. Sin mirar a Lucía, arrojó una carpeta de documentos sobre el mostrador de Marta con desprecio.
—Tienes veinticuatro horas para desalojar este puesto, Marta. El ayuntamiento ha aprobado la reurbanización y este pedazo de acera ahora me pertenece —sentenció el hombre con frialdad.
Marta palideció, aferrándose al borde del mostrador para no caer. Aquel quiosco era su única fuente de ingresos y el legado de toda su vida. Desesperada, comenzó a suplicar piedad, pero Alejandro solo respondió con una risa burlona. Fue entonces cuando Lucía dio un paso al frente, interponiéndose entre el promotor y la humilde vendedora.
—Deje en paz a esta mujer inmediatamente —exigió Lucía con una voz firme que denotaba autoridad.
Alejandro la miró de arriba abajo, soltando una carcajada condescendiente al ver su traje de diseño.
—¿Y tú quién te crees que eres para meterte en mis asuntos? No tienes idea de con quién estás hablando, niñita —escupió el promotor con insolencia.
”No tienes idea de con quién estás hablando, niñita —escupió el promotor con insolencia.