Salvé a una anciana en prisión y su secreto cambió mi destino para siempre
Anteriormente: Sonia no dudó en arriesgar su propia vida para salvar a la vulnerable Mila de las garras de la temible Olga en las duchas de la prisión, desatando una cadena de revelaciones que cambiaría sus vidas.
El secreto en el despacho del alcaide
La mañana siguiente comenzó con el sonido metálico de los cerrojos de la celda de Sonia. Esperando ser trasladada al pabellón de aislamiento por la pelea del día anterior, se sorprendió al ver que los guardias la conducían directamente a las oficinas administrativas. Al entrar al despacho del alcaide, se encontró con una escena inesperada: el alcaide lucía nervioso, y junto a él se encontraba un hombre elegante de traje oscuro, que sostenía un maletín de cuero de alta calidad.
El hombre se presentó como Alejandro Valenzuela, un abogado de renombre. Lo que reveló a continuación dejó a Sonia sin aliento. La anciana a la que había salvado no era una reclusa común; se trataba de Milagros Martínez, la legítima heredera de un imperio corporativo multimillonario. Había sido traicionada por su propio hijo, quien la había incriminado falsamente para arrebatarle el control de la compañía y enviarla a prisión, pagando secretamente a internas como Olga para deshacerse de ella de forma permanente.

—Pero hay algo más que debes saber, Sonia —dijo el abogado, extendiendo un documento—. Milagros no es una extraña para ti. Ella es tu abuela biológica. Te ha estado buscando durante quince años, desde que tu madre huyó con el secreto de tu origen.
Antes de que Sonia pudiera procesar el impacto de sus palabras, la puerta se abrió con violencia. Un hombre de mirada fría y expresión altiva entró al despacho, rodeado de guardaespaldas. Era el hijo de Milagros, dispuesto a silenciar cualquier cabo suelto. Al ver a Sonia, sonrió con desprecio y arrojó una orden de traslado sobre el escritorio del alcaide, exigiendo que fuera enviada de inmediato a una prisión de máxima seguridad en el norte del país, donde ningún abogado podría protegerla.
El destino de Sonia pendía de un hilo mientras el alcaide, presionado por la influencia del poderoso empresario, se disponía a firmar la orden de traslado inmediato.
”Al ver a Sonia, sonrió con desprecio y arrojó una orden de traslado sobre el escritorio del alcaide, exigiendo que fuera enviada de inmed…