El secreto tras los muros que convirtió a dos compañeras en enemigas mortales
Un reencuentro hostil bajo el sol del patio
El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de Cruz del Sur, blanqueando las paredes de hormigón y haciendo que el aire se sintiera denso y asfixiante. Jimena, una reclusa delgada de cabello pelirrojo corto, caminaba absorta en sus pensamientos, intentando asimilar la noticia que acababa de recibir: su apelación finalmente estaba en marcha. Sin embargo, su frágil paz se desmoronó en un segundo.
De la nada, una figura corpulenta se cruzó en su trayectoria. Rebeca, una reclusa de complexión fuerte y cabello castaño recogido en una tirante coleta, arremetió con saña contra ella. El impacto del hombro de Rebeca contra el de Jimena fue brutal, enviando a la joven pelirroja directamente al suelo polvoriento del patio. El eco del golpe llamó la atención de las demás presas, que de inmediato formaron un círculo silencioso alrededor de la escena.

Mira por dónde vas la próxima vez.
La voz de Rebeca destilaba una frialdad ensayada, mirándola con desprecio desde su altura. Jimena, dolorida y aturdida, intentó incorporarse, pero antes de que pudiera decir algo, otra interna dio un paso al frente. Estefanía, vestida con ropa deportiva desgastada, se interpuso entre ambas con una mirada desafiante.
No se cruzó en tu camino. Lo hiciste a propósito.
Rebeca solo emitió una risa burlona antes de darse la vuelta, pero la humillación ya había encendido una chispa peligrosa en el pecho de Jimena. Horas más tarde, bajo las parpadeantes luces fluorescentes de la cafetería húmeda, la tensión acumulada estalló. Jimena no pudo contener la rabia acumulada por años de injusticia. Sin previo aviso, se lanzó sobre Rebeca, tacleándola contra el suelo mojado. En una ráfaga de golpes desesperados y gritos de sorpresa de las demás reclusas, Jimena descargó toda su furia antes de que los guardias intervinieran. Al ponerse de pie, con el rostro magullado pero la mirada encendida, Jimena demostró que ya no sería una víctima silenciosa.
”Al ponerse de pie, con el rostro magullado pero la mirada encendida, Jimena demostró que ya no sería una víctima silenciosa.