Traición · Historia

Sobreviví a la caída desde el helicóptero que mi propio esposo planeó para destruirme

Sobreviví a la caída desde el helicóptero que mi propio esposo planeó para destruirme — Parte 2
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Anteriormente: Jimena pensaba que un paseo en helicóptero con su esposo Marcos sería el viaje de ensueño de su embarazo. Sin embargo, aquel idílico vuelo sobre el Mediterráneo se convirtió en su peor pesadilla.

El milagro entre las olas

La caída desde aquella altura habría sido mortal para cualquiera, pero el destino tenía otros planes para Jimena y su futuro hijo. En el agua, a pocos metros de donde su cuerpo impactó contra la superficie del mar, navegaba una lancha rápida capitaneada por Alejandro, un experimentado submarinista de la zona. Tras presenciar la terrorífica escena desde la distancia, Alejandro no dudó un segundo en arrojarse al mar para rescatar el cuerpo inconsciente de la mujer que flotaba a la deriva.

Horas más tarde, Jimena despertó en la sala de urgencias del hospital general. El dolor físico era inmenso, pero la voz del médico de guardia le devolvió el alma al cuerpo: su bebé estaba milagrosamente a salvo y sin daños graves. Sin embargo, la verdadera tormenta estaba a punto de desatarse en los pasillos de la clínica. Mientras intentaba asimilar lo sucedido, Jimena escuchó una conversación en voz baja justo al otro lado de la puerta de su habitación.

Sobreviví a la caída desde el helicóptero que mi propio esposo planeó para destruirme
Tenemos que actuar rápido antes de que los médicos redacten el informe oficial. Si ella no despierta, el seguro de vida se transferirá de inmediato a mi cuenta.

Era la voz de Marcos, fría y desprovista de cualquier rastro de dolor. Estaba acompañado por sus abogados personales, quienes ya sostenían los documentos de sucesión y un poder notarial falsificado. Jimena sintió un escalofrío que le heló la sangre al comprender la terrible verdad: su accidente no había sido una casualidad, sino un intento de asesinato fríamente planeado por el hombre en quien más confiaba.

Con el corazón latiendo a mil por hora, Jimena cerró los ojos y contuvo la respiración cuando escuchó que la manija de la puerta comenzaba a girar. Sabía que su vida y la de su hijo dependían de su capacidad para fingir que seguía inconsciente hasta encontrar una oportunidad para escapar.

Sabía que su vida y la de su hijo dependían de su capacidad para fingir que seguía inconsciente hasta encontrar una oportunidad para esca…