Sobreviví al ataque de mi compañera de celda y descubrí una traición imperdonable
Anteriormente: Tras defenderse de un brutal ataque en el patio de la prisión, Sara descubre que la agresión no fue casualidad. Alguien muy cercano pagó para silenciarla para siempre.
La traición al descubierto
La aparente victoria en el patio no tardó en volverse en contra de Sara. Esa misma noche, el silencio del pabellón se rompió con el sonido metálico de su celda abriéndose. El oficial Martín, un guardia conocido por su frialdad y sus oscuros tratos con el exterior, la escoltó a través de los pasillos desiertos. Para su sorpresa, no la conducía a las celdas de aislamiento, sino a una sala de interrogatorios apartada, un rincón sin cámaras donde las reglas de la ley no se aplicaban.
Al entrar, Sara sintió un escalofrío. Sentada frente a la mesa de metal estaba Dolores, con las costillas fuertemente vendadas pero con una expresión de triunfo que helaba la sangre. Martín cerró la puerta con llave y se colocó detrás de Sara, bloqueando cualquier posibilidad de escape.

«Has jugado muy bien tus cartas en el patio, Sara», murmuró Martín con voz gélida. «Pero aquí dentro, las reglas las ponemos nosotros. Y tú acabas de firmar tu sentencia de muerte».
Antes de que Sara pudiera responder, Dolores arrojó un papel doblado sobre la mesa. Con manos temblorosas, Sara reconoció de inmediato la caligrafía. Era una carta de Marcos, su prometido y socio comercial, el mismo hombre que supuestamente estaba reuniendo el dinero para su fianza y buscando pruebas para demostrar su inocencia. Al leer las líneas, el mundo de Sara se desmoronó por completo.
Marcos no solo la había incriminado en el fraude financiero para quedarse con todos los activos de su empresa, sino que estaba pagando mensualmente al oficial Martín y a Dolores para asegurarse de que ella nunca saliera con vida de prisión. Su apelación estaba fijada para el mes siguiente, y Marcos necesitaba silenciarla de forma definitiva antes de que pudiera testificar ante el juez.
«Tienes dos opciones», sentenció el oficial Martín, colocando un documento de confesión y un bolígrafo frente a ella. «O firmas esto renunciando a tu apelación y asumes la culpa total del fraude, o mañana Dolores se encargará de que sufras un trágico accidente en las duchas». Sara miró el papel, atrapada en un callejón sin salida donde su vida pendía de un hilo.
”Sara miró el papel, atrapada en un callejón sin salida donde su vida pendía de un hilo.