El regreso del soldado que salvó a su abuela de una traición familiar
Anteriormente: Cuando Mario regresó de su misión militar, jamás imaginó encontrar a su amada abuela Elena siendo maltratada en su propia casa por quien debía cuidarla. La verdad era aún más oscura.
Secretos bajo llave
Ignorando los sollozos de pánico de Casandra en el suelo, Mario se arrodilló de inmediato al lado de su abuela. Con manos temblorosas pero firmes, la estabilizó. Elena estaba pálida y apenas podía respirar por el impacto. El soldado sacó su teléfono, llamó a los servicios de emergencia y solicitó una patrulla de la Guardia Civil. Sabía que esto no era un simple arrebato; había algo mucho más oscuro detrás del comportamiento de su cuñada.
Mientras esperaban la llegada de la ambulancia, Mario arrastró a Casandra hacia el interior de la casa para evitar que escapara. La encerró en el despacho principal mientras ella no paraba de gritar amenazas. Decidido a encontrar pruebas de lo que sospechaba, Mario comenzó a registrar los cajones del escritorio de su hermano Roberto. Sabía que su hermano era un hombre débil, fácilmente manipulable, pero no quería creer que fuera cómplice de semejante crueldad.

Entre carpetas de cuentas bancarias y facturas impagadas, Mario encontró un sobre de cuero oculto en el doble fondo de un cajón. Al abrirlo, su sangre se heló. Contenía un testamento supuestamente firmado por Elena, donde cedía la totalidad de la casona y sus tierras a Casandra. Junto al documento, había varios frascos de un potente sedante clínico y un pasaporte a nombre de Casandra con un billete de avión de ida a Suiza, programado para el día siguiente.
—La estaba drogando para robarle todo y huir del país —susurró Mario, sintiendo una mezcla de asco y dolor—. Mi hermano también es una víctima de este demonio.
En ese preciso instante, la puerta principal de la casa se abrió. Roberto entró, con el rostro desencajado y cansado, ajeno a la pesadilla que se había desatado en su hogar. Al ver a su hermano menor vestido de militar, se quedó estupefacto. Detrás de él, el sonido de las sirenas policiales comenzó a resonar en la distancia, anunciando que el momento de la verdad había llegado.
”Detrás de él, el sonido de las sirenas policiales comenzó a resonar en la distancia, anunciando que el momento de la verdad había llegado.