Traición · Ficción breve

Me traicionaron para encerrarme, pero el ataque en la prisión reveló una verdad oculta

Me traicionaron para encerrarme, pero el ataque en la prisión reveló una verdad oculta — Parte 2
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Anteriormente: Tras ser traicionada por el hombre que amaba, Sara termina en prisión. Pero cuando una reclusa intenta acabar con ella en el patio, descubre una conspiración que podría devolverle su libertad.

La revelación en la sombra

La victoria en el patio duró poco. Mientras las reclusas se dispersaban susurrando sobre la inesperada derrota de la matona del bloque, Sara se arrodilló junto a Begoña, quien intentaba incorporarse con dificultad mientras se limpiaba un hilo de sangre de la comisura de los labios. Lejos de mostrar rencor, los ojos de la mujer rubia reflejaban un temor profundo que Sara jamás había visto en ella.

—No deberías haber hecho eso... —susurró Begoña, escupiendo en la tierra—. Ahora ambos querrán vernos muertas.

Sara la tomó del cuello de su camiseta gris de reclusa, obligándola a mirarla fijamente. La tensión en el ambiente era palpable, y el tiempo corría en su contra antes de que los guardias intervinieran para dispersarlas.

Me traicionaron para encerrarme, pero el ataque en la prisión reveló una verdad oculta
—¿Quién te ha enviado, Begoña? Habla ahora o te juro que la próxima vez no te levantarás de este suelo —siseó Sara con voz gélida.

Begoña tragó saliva y miró de reojo hacia la torre de vigilancia, donde el oficial Romero observaba la escena con una sonrisa siniestra. Con voz temblorosa, confesó que Javier, el exesposo de Sara, la había contratado a través de un intermediario exterior para silenciarla permanentemente. El motivo era urgente: el abogado de Sara había conseguido reabrir el caso de fraude fiscal tras hallar las transferencias bancarias originales que demostraban que Javier la había incriminado para quedarse con toda la fortuna familiar.

La apelación estaba programada para el lunes siguiente, y si Sara testificaba en libertad, Javier terminaría pasando el resto de sus días tras las rejas. Pero la peor revelación aún estaba por llegar. Begoña confesó que Romero, el jefe de los guardias del pabellón de aislamiento, estaba compinchado con Javier. Esa misma noche, provocarían un altercado en la celda de Sara para trasladarla a las celdas de castigo subterráneas, donde un trágico "accidente" acabaría con su vida de forma discreta.

acabaría con su vida de forma discreta.