Traición · Historia

Me encerraron por un crimen ajeno, pero en prisión aprendí a cobrar mi venganza

Me encerraron por un crimen ajeno, pero en prisión aprendí a cobrar mi venganza — Parte 2
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Anteriormente: Sara fue traicionada por las personas en quienes más confiaba y terminó en una prisión de alta seguridad. Sin embargo, el violento ataque de otra reclusa desatará una verdad oculta.

La conspiración tras las rejas

La victoria en el patio, sin embargo, no trajo paz a Sara. Esa misma noche, el silencio del pabellón se rompió con el chirrido de la cerradura de su celda. No era la hora del recuento. Al abrirse la pesada puerta de hierro, la silueta del sargento Morales, un guardia corrupto con un historial de abusos, se recortó contra la luz del pasillo. Detrás de él, con el abdomen vendado y los ojos inyectados en odio, entró Begoña.

Sara se puso de pie de un salto, pegando su espalda a la pared de hormigón. Sabía que en ese rincón de la prisión, nadie escucharía sus gritos.

Me encerraron por un crimen ajeno, pero en prisión aprendí a cobrar mi venganza
—Tienes talento para pelear, muñeca —dijo Morales con una sonrisa gélida—. Pero cometiste un grave error al tocar a mi mejor activo en este lugar.

Begoña sacó un teléfono satelital prohibido de su bolsillo y encendió la pantalla. En ella aparecía una fotografía reciente de Sofía, la hermana menor de Sara, saliendo de su facultad en Madrid.

—Tu ex prometido solo fue el peón de alguien con mucho más poder —susurró Begoña con malicia—. Si no firmas esta confesión donde asumes toda la culpa del desvío de fondos del bufete, tu hermana sufrirá un trágico accidente mañana por la mañana.

Morales extendió un documento oficial sobre la pequeña mesa de la celda. Si Sara firmaba, se condenaba a treinta años de prisión por un delito que no cometió, limpiando el nombre de los verdaderos líderes del fraude: los socios principales del bufete para el que trabajaba. Si se negaba, su hermana pagaría el precio con su vida. El dilema era desgarrador, y el tiempo corría implacable en su contra.

El dilema era desgarrador, y el tiempo corría implacable en su contra.