Traicionada por su esposo y humillada en prisión, ella planea su fría venganza
Anteriormente: Sara lo perdió todo cuando su esposo la incriminó para quedarse con su fortuna. Tras las rejas, enfrentando el infierno y las humillaciones de Begoña, una inesperada aliada cambiará su destino para siempre.
La conspiración al descubierto
Los días siguientes fueron un juego de supervivencia extrema. Sara aprendió a mimetizarse con las sombras del penal, observando atentamente cada movimiento de Begoña. No tardó en darse cuenta de que la hostilidad de la líder no era fortuita. Begoña recibía visitas frecuentes de un abogado de renombre, el mismo que había ayudado a su exesposo, Alberto, a incriminarla falsamente para apoderarse de su empresa y su fortuna. La verdad cayó sobre ella como un balde de agua fría: Alberto estaba pagando una fortuna para asegurar que Sara nunca saliera con vida de prisión.
Lejos de acobardarse, Sara decidió utilizar su intelecto. Se acercó a Carmen, una reclusa veterana que había sido mano derecha de Begoña hasta que esta la traicionó y la dejó sin protección. Carmen, sedienta de venganza, decidió ayudarla.

—Begoña tiene un punto débil —le confesó Carmen en voz baja durante el almuerzo—. Guarda un cuaderno negro detrás del retrete de su celda. Allí anota cada soborno, cada pago de los guardias y los nombres de sus clientes externos. Si consigues eso, la tienes en tus manos.
La oportunidad perfecta se presentó durante un altercado provocado en el pabellón de lavandería. Mientras las alarmas sonaban y los guardias corrían a controlar la situación, Sara se escabulló hacia la celda de su enemiga. Con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, buscó detrás de la tubería suelta hasta que sus dedos rozaron el frío plástico del cuaderno.
Justo cuando se disponía a ocultarlo bajo su ropa, una sombra bloqueó la luz del pasillo. Begoña estaba de pie en el umbral, con una sonrisa sádica y una faca de fabricación casera en la mano.
—Te atrapé, rata de despacho —siseó Begoña, cerrando la puerta tras de sí—. De aquí no sales viva.
”Begoña estaba de pie en el umbral, con una sonrisa sádica y una faca de fabricación casera en la mano.—Te atrapé, rata de despacho —siseó…