Traición · Historia

Tras ser traicionada por su esposo, una mujer sobrevive al infierno de la prisión

Tras ser traicionada por su esposo, una mujer sobrevive al infierno de la prisión — Parte 2
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Anteriormente: Celia pensó que su vida había terminado al entrar en prisión por un crimen que no cometió, pero un violento altercado en el patio reveló una conspiración que cambiará su destino para siempre.

La conspiración tras los muros

La victoria en el patio fue efímera. Los guardias irrumpieron de inmediato y me arrastraron a las celdas de aislamiento. Esperaba un castigo severo, pero la visita que recibí a medianoche fue mucho peor. El jefe de seguridad, un hombre corrupto apodado «El sargento», entró en mi celda con una sonrisa cínica y un teléfono móvil en la mano.

«Tu exesposo es un hombre muy generoso, Celia», susurró con frialdad. «Me ha pedido que te entregue este mensaje: firma los papeles de la renuncia a la custodia de tus hijos, o la próxima vez Roxanne no fallará. Aquí dentro, los accidentes ocurren muy fácilmente».

El terror me heló la sangre. El alcance del poder de mi exesposo llegaba hasta las entrañas de la prisión. Cuando finalmente me permitieron regresar a la población general al día siguiente, busqué desesperadamente a Clara. La encontré en un rincón del comedor común, con un hematoma en el brazo pero con una mirada llena de determinación. Al verme, me tomó de las manos y me arrastró hacia una de las mesas más apartadas.

Tras ser traicionada por su esposo, una mujer sobrevive al infierno de la prisión
«Sé quién eres, Celia, y sé quién te ha enviado aquí», me susurró con urgencia. «Yo era la contadora de la empresa de tu exesposo antes de que me incriminara para salvar su propio pellejo. Tengo las pruebas que nos liberarán a las dos, guardadas en un lugar que él jamás descubrirá».

Antes de que pudiera asimilar aquella revelación que representaba mi salvación, las puertas de metal del comedor se cerraron de golpe. Un silencio sepulcral inundó la sala. Al darnos la vuelta, vimos a Roxanne y a un grupo de reclusas armadas con punzones caseros bloqueando la única salida. Miré hacia la cabina de control de los guardias, pero la ventanilla estaba vacía; los custodios corruptos habían abandonado sus puestos intencionadamente, dejándonos a merced de nuestras verdugas.

Miré hacia la cabina de control de los guardias, pero la ventanilla estaba vacía; los custodios corruptos habían abandonado sus puestos i…