Un joven huye bajo la lluvia y encuentra al único hombre capaz de salvarlo
Anteriormente: Tobías entra desesperado a un café de carretera huyendo de su peor pesadilla. Allí se encuentra con Leo, un hombre misterioso que guarda el secreto para salvar su vida.
Fantasmas del pasado
Con la voz entrecortada por los sollozos y el cansancio extremo, Tobías confesó el terrible secreto que lo había obligado a huir en mitad de la noche. Su padrastro, Julián, un terrateniente influyente y peligroso de la comarca, lo perseguía implacablemente tras descubrir que el muchacho había encontrado las pruebas médicas que demostraban cómo había provocado la muerte de su madre, Elena, para apoderarse de la valiosa herencia familiar. Al escuchar el nombre de Elena Alarcón, el rostro de Leo se transformó por completo. Una sombra de dolor y una ira contenida durante años oscurecieron sus facciones.
Antes de que Tobías pudiera dar más detalles de su huida, la puerta del establecimiento volvió a abrirse con violencia. Julián entró con paso firme, sacudiéndose el agua de su costosa gabardina con aire de superioridad. Su mirada fría y calculadora no tardó en localizar a su presa. Con una sonrisa de absoluta suficiencia, se acercó despacio a la mesa del reservado.

Vaya, Tobías. Qué numerito tan patético has montado. Levántate de ahí y vámonos a casa antes de que decida resolver esto de una manera mucho menos familiar, ordenó Julián, ignorando por completo al hombre que estaba sentado enfrente del chico.
Tobías se encogió en su asiento, sintiendo que el pánico lo asfixiaba. Sin embargo, Leo se levantó lentamente, revelando una estatura imponente que pareció llenar todo el espacio del café.
El chico no va a ninguna parte contigo, Julián, sentenció Leo con una voz grave y gélida que helaba la sangre.
Julián soltó una carcajada despectiva y amagó con sacar un revólver oculto bajo su abrigo. Pero al fijar la vista en el rostro de Leo bajo la cruda iluminación del local, su risa se congeló por completo. La soberbia desapareció de su rostro, dejándolo pálido y tembloroso.
¿Leo? No... tú estás muerto. Te enterramos hace quince años en el sur, susurró Julián con terror.
Las tumbas vacías a veces guardan sorpresas, Julián. Especialmente cuando se trata de regresar para proteger a mi propio hijo, replicó Leo con firmeza.
”Especialmente cuando se trata de regresar para proteger a mi propio hijo, replicó Leo con firmeza.