Secretos de familia · Historia

Un plato de espaguetis derramado desentierra el oscuro secreto del hombre que destruyó a mi familia

Un plato de espaguetis derramado desentierra el oscuro secreto del hombre que destruyó a mi familia — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Un simple accidente en la cafetería de la universidad desata una confrontación inesperada entre un temible motorista y el hombre más poderoso del campus, revelando un secreto del pasado.

La tensión en la cafetería se podía cortar con un cuchillo. Claudia esperaba que el gigantesco motorista descargara su furia sobre ella, pero lo que sucedió a continuación dejó a todos los presentes boquiabiertos. Martín desvió su mirada de la joven y la clavó directamente en Raúl. En ese preciso instante, la arrogancia del subdirector se desvaneció por completo, y su rostro adquirió una palidez cadavérica.

Raúl dio un paso atrás, visiblemente perturbado por la presencia del motorista. La confrontación ya no era por un plato de comida derramado; había una historia mucho más profunda y oscura entre aquellos dos hombres. Martín dio un paso al frente, haciendo crujir el cuero de su chaleco negro, y colocó una mano pesada sobre la mesa de formica.

Un plato de espaguetis derramado desentierra el oscuro secreto del hombre que destruyó a mi familia

El regreso del pasado

—Ha pasado mucho tiempo, Raúl —dijo Martín, con un tono de voz que mezclaba el desprecio con una fría satisfacción—. Te advertí que el mundo es muy pequeño y que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar. Especialmente si seguías merodeando cerca de la familia de mi mejor amigo.

Claudia escuchaba las palabras del motorista sin poder dar crédito a lo que oía. ¿De qué familia estaba hablando? Raúl, tratando de recuperar una compostura que ya había perdido por completo, se ajustó el cuello de su camisa manchada y señaló a Martín con un dedo tembloroso.

—No sé de qué estás hablando. Vete de aquí o llamaré a la seguridad del campus de inmediato. No tienes derecho a amenazarme en mi propio lugar de trabajo —amenazó Raúl, aunque su voz carecía de la autoridad habitual.

Martín soltó una carcajada seca y extrajo un sobre de cuero desgastado de los bolsillos de su chaleco. Lo arrojó con fuerza sobre la mesa, justo al lado de la bandeja de espaguetis derramada.

—Llama a quien quieras. Conozco perfectamente tus secretos. Pero antes de que lleguen, tal vez quieras explicarle a la junta directiva cómo te apropiaste de las patentes de investigación del padre de Claudia hace diez años, hundiéndolo en la ruina —sentenció Martín con firmeza.

Pero antes de que lleguen, tal vez quieras explicarle a la junta directiva cómo te apropiaste de las patentes de investigación del padre…