Segundas oportunidades · Ficción breve

Una reclusa arriesga su vida para salvar a una joven inocente en prisión

Una reclusa arriesga su vida para salvar a una joven inocente en prisión — Parte 1
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El cielo sobre el patio de la prisión de Cruz del Sur parecía una losa de hormigón gris, pesado y amenazante. Lidia, una joven reclusa cuya mirada aún reflejaba la inocencia del mundo exterior, temblaba incontrolablemente. No era solo el frío húmedo que calaba hasta los huesos, sino el terror absoluto que la atenazaba. Dos mujeres corpulentas la sujetaban por los brazos, obligándola a arrodillarse frente a un enorme pilón de metal lleno de agua estancada. Detrás de ellas, Begoña, la reclusa más temida del módulo, sonreía con una crueldad que helaba la sangre.

—A ver si así aprendes a respetar a las que mandamos aquí, niñata —siseó Begoña, agarrando a Lidia del cabello oscuro para hundir su cabeza en el agua helada.

Una reclusa arriesga su vida para salvar a una joven inocente en prisión

Lidia luchó desesperadamente, pero sus fuerzas no eran rival para la brutalidad de sus captoras. El agua sucia inundó sus sentidos, y el pánico de morir asfixiada en un rincón olvidado del patio la consumió. Fue en ese instante de absoluta desesperación cuando el destino decidió intervenir. A pocos metros, Sara, una reclusa atlética de cabello rojo encendido y brazos cubiertos de tatuajes que narraban su propio historial de batallas, soltó bruscamente la escoba con la que limpiaba el suelo.

Un rescate inesperado

Sin dudarlo un segundo, Sara se agachó para recoger un trozo de hormigón suelto del suelo y saltó con la agilidad de una depredadora. Con un grito lleno de furia que silenció el patio, se lanzó sobre Begoña:

—¡Suéltala, zorra!

Begoña, sorprendida por la audacia del ataque, soltó a Lidia y se giró con los puños en alto, rugiendo de rabia:

—¡Estás muerta, novata!

Sin embargo, Sara fue más rápida. Con una precisión quirúrgica, esquivó el golpe de Begoña y le asestó dos puñetazos demoledores en el rostro, seguidos de un derribo que mandó a la gigante contra el suelo mojado. Con Begoña fuera de combate, Sara corrió hacia la shivering Lidia, arrodillándose a su lado con genuina preocupación:

—Ya te tengo. ¿Estás bien?

Lidia asintió, tosiendo y aferrándose a su salvadora, consciente de que acababa de nacer una alianza inquebrantable.

¿Estás bien?Lidia asintió, tosiendo y aferrándose a su salvadora, consciente de que acababa de nacer una alianza inquebrantable.