Una reclusa arriesga su vida para salvar a una joven inocente en prisión
Anteriormente: Lidia pensó que su primera semana en prisión sería la última. Cuando un grupo de reclusas intentó ahogarla, una protectora inesperada surgió de las sombras para cambiar su destino para siempre.
El altercado en el patio no tardó en tener repercusiones. Aunque las reclusas guardaron un silencio sepulcral por temor a las represalias de Sara, la tensión en los pasillos de Cruz del Sur se podía cortar con un cuchillo. Esa misma noche, Lidia encontró una nota amenazante deslizada bajo la puerta de su celda. Begoña, desde la enfermería, prometía venganza. Pero lo más alarmante no era la ira de la reclusa, sino la revelación que Sara compartió a la mañana siguiente en el rincón más oscuro del comedor.
—Begoña no actúa sola, Lidia —le confió Sara con voz baja y tensa—. El sargento Torres, el jefe de seguridad del módulo, está en su bolsillo. Él le permite controlar el tráfico de contrabando a cambio de una parte del dinero. Si Begoña quiere acabar con nosotras, Torres facilitará el camino.

Un plan desesperado
La revelación dejó a Lidia sin aliento. En una prisión donde los guardias son corruptos, las reglas de la justicia no existen. Sara sabía que la única forma de sobrevivir era obtener pruebas de la corrupción de Torres para enviarlas directamente a la dirección general de prisiones. El sargento guardaba un registro detallado de los pagos en una pequeña libreta negra dentro de su oficina privada.
El plan era un suicidio táctico. Lidia debía generar una distracción masiva en el pasillo principal, simulando un violento ataque de pánico, para atraer la atención de los guardias de turno. Mientras tanto, Sara aprovecharía los escasos minutos para colarse en la oficina de Torres y sustraer el documento incriminatorio.
A la hora señalada, Lidia cumplió su parte con creces, arrojando bandejas de metal y gritando desesperadamente. Los guardias la redujeron con dureza, pero la distracción funcionó. Sara logró deslizarse en la oficina de seguridad. Sin embargo, cuando Sara salía con la libreta oculta bajo su uniforme, la figura imponente del sargento Torres apareció al final del pasillo, bloqueándole el paso con una sonrisa maliciosa.
”Sin embargo, cuando Sara salía con la libreta oculta bajo su uniforme, la figura imponente del sargento Torres apareció al final del pasi…