Una reclusa humillada desata una venganza que cambiará el destino de la prisión
Anteriormente: Claudia solo quería pintar para olvidar su injusto encierro, pero la crueldad de Berta desató una violenta confrontación en el patio. Lo que nadie esperaba era el secreto que Juana ocultaba tras sus puños.
El secreto tras las pinceladas
El silencio de la noche en la prisión era una farsa que ocultaba los peores temores de las reclusas. En la penumbra de su celda, Juana intentaba calmar la adrenalina que aún corría por sus venas tras el altercado de la tarde. Sabía que Berta no olvidaría la humillación de haber sido derribada frente a todo el patio. Las advertencias de las presas más antiguas ya habían comenzado a circular por los pasillos: Berta buscaba venganza y contaba con el apoyo de algunos guardias corruptos que controlarían el pabellón durante la noche.
Antes del cierre definitivo de las rejas, una figura delgada se deslizó sigilosamente en la celda de Juana. Era Claudia. Aunque ya se había quitado los restos de pintura verde de su cabello rubio platino, sus ojos reflejaban un terror absoluto que iba mucho más allá de una simple represalia física.

—Juana, cometiste un grave error al defenderme hoy. No tienes idea de dónde te has metido —susurró Claudia con la voz rota por la angustia.
Juana la miró con severidad, cruzándose de brazos.
—Nadie merece que la traten así, Claudia. No me arrepiento de haberle dado su merecido a esa abusadora —respondió con firmeza.
Claudia negó con la cabeza, tapándose la boca para que sus sollozos no alertaran a la ronda.
—No lo entiendes. Berta no me atacó por envidia. Ella trabaja para el subdirector del penal. Mis cuadros no son simples paisajes; cada trazo de color oculta las coordenadas y las cuentas bancarias de la red de contrabando que ellos operan aquí dentro. Estaba usando mi arte para sacar las pruebas al exterior. Por eso querían destruir el lienzo de hoy.
La revelación golpeó a Juana como un jarro de agua fría. No se trataba de una simple disputa de patio, sino de una conspiración criminal que involucraba a las más altas esferas de la prisión. De repente, un chirrido metálico resonó al final del pasillo. Los pasos de tres personas se aproximaban a la celda fuera del horario habitual de inspección.
”Los pasos de tres personas se aproximaban a la celda fuera del horario habitual de inspección.