Una reclusa inocente se enfrenta al guardia corrupto que destruyó su vida entera
Anteriormente: Irene fue enviada a prisión por un crimen que no cometió, traicionada por su propio cuñado y un guardia corrupto. Ahora, en el patio, ha decidido que ya no se quedará callada.
La trampa de la celda oscura
La victoria en el patio fue tan espectacular como efímera. En cuestión de segundos, la sirena de alarma comenzó a aullar con fuerza, inundando el recinto con un sonido estridente. Varios guardias de apoyo irrumpieron en el patio con los escudos en alto. Díaz, levantándose con dificultad mientras se limpiaba un hilo de sangre de la boca, señaló a Irene con rabia ciega.
¡Llévensela a aislamiento! ¡Ha atacado a una autoridad!
Irene fue sometida con brusquedad, sus brazos fueron esposados a la espalda y la arrastraron por los fríos y húmedos pasillos subterráneos de la prisión. Ella sabía perfectamente lo que significaba ir al bloque de aislamiento bajo la custodia de Díaz. Era el lugar donde las cámaras convenientemente fallaban y donde los abusos quedaban sepultados bajo el silencio administrativo. Era el escenario perfecto que su cuñado, Andrés, había planeado para silenciarla definitivamente antes de que el caso de apelación llegara a los tribunales.

Mientras avanzaban, Irene divisó a lo lejos a la subdirectora Valeria, una mujer íntegra que sospechaba de la red de corrupción de Díaz pero carecía de las pruebas necesarias para actuar. Irene apretó los dientes; en la costura oculta de su pantalón deportivo llevaba un pequeño micrófono espía que había logrado introducir gracias a una aliada en la enfermería. Sin embargo, el peligro era inminente: si Díaz la registraba minuciosamente antes de que pudiera activar la transmisión, todo estaría perdido.
La pesada puerta de la celda de aislamiento se cerró con un estruendo metálico que pareció sellar su destino. Díaz ordenó a los otros oficiales que se retiraran, quedándose a solas con ella en la penumbra. Con una sonrisa sádica, el guardia comenzó a golpear rítmicamente su porra contra la palma de su mano.
Aquí no hay cámaras, Irene. Tu pequeño juego de la verdad termina hoy.
”Tu pequeño juego de la verdad termina hoy.