La verdad oculta tras el ataque de mi tío a mi indefensa abuela
Anteriormente: Cuando Natalia escuchó los gritos de su abuela Alicia, corrió al pasillo sin imaginar que su tío Francisco la estaba atacando. Lo que descubrió después destapó una red de mentiras familiares.
El testamento oculto y una traición sin límites
Francisco se levantó del suelo con una mirada cargada de odio, escupiendo amenazas antes de salir de la casa dando un portazo que hizo temblar las ventanas. Con el corazón desbocado, ayudé a mi abuela a levantarse y la llevé al salón, donde intenté calmar sus temblores con un vaso de agua. Fue entonces cuando, entre sollozos de vergüenza y dolor, Alicia me confesó la terrible verdad que había estado ocultando para mantener una falsa paz en la familia.
Resultaba que mi abuelo, antes de fallecer tres años atrás, había dejado un testamento secreto. Sabiendo que mi tío Francisco era un ludópata empedernido que había dilapidado su propia fortuna en apuestas clandestinas, mi abuelo decidió dejar la totalidad de la herencia familiar a mi nombre. La gran finca, las cuentas bancarias y la propia casa donde vivíamos eran legalmente mías. Francisco había descubierto el documento original esa misma mañana tras registrar los cajones de la abuela, y pretendía obligarla a destruirlo bajo amenazas físicas.

Si ese documento desaparece, la herencia se dividirá por partes iguales y podré pagar mis deudas de juego, Natalia. Tu tío está desesperado y es capaz de todo.
Me advirtió mi abuela con los ojos llenos de lágrimas. Decidí que pasaríamos la noche en casa y que a primera hora de la mañana acudiríamos a la policía. Sin embargo, el peligro acechaba mucho más cerca de lo que imaginábamos. A mitad de la noche, un ruido en la planta baja me despertó. Al bajar sigilosamente las escaleras de madera, divisé a Francisco en el salón. Estaba hablando por teléfono con un tono de voz gélido que me paralizó por completo:
La vieja no hablará, pero la niña se ha interpuesto. Necesito que te encargues de Natalia antes de que vaya al notario mañana. Haz lo que sea necesario, te pagaré el doble cuando la finca sea mía.
En mi estado de pánico, pisé una tabla del suelo que crujió con fuerza. Francisco se giró de inmediato hacia la escalera, con una sonrisa siniestra dibujada en su rostro.
”Francisco se giró de inmediato hacia la escalera, con una sonrisa siniestra dibujada en su rostro.