Traición · Historia

Mi prometida arrojó a mi abuela al suelo, pero mi regreso cambió todo

Mi prometida arrojó a mi abuela al suelo, pero mi regreso cambió todo — Parte 1
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El regreso del frente

El sol de la tarde caía sobre la majestuosa fachada de la mansión de piedra en las afueras de Madrid, proyectando largas sombras sobre la escalinata de mármol. Mateo, un sargento del ejército español recién llegado de una dura misión en el extranjero, caminaba con paso firme pero silencioso por el sendero principal. Vestía su uniforme de camuflaje desértico, desgastado por el polvo y el viento del frente, y cargaba una vieja mochila militar. Su único deseo era abrazar a su abuela Elvira, la mujer que lo había criado con infinito amor tras quedar huérfano.

Sin embargo, el silencio de la tarde se vio interrumpido por unos gritos desgarradores que provenían de la entrada principal. Mateo apresuró el paso, ocultándose entre los cipreses del jardín. Lo que vio a continuación hizo que su sangre se congelara. Su prometida, Clara, vestida con un lujoso y oscuro vestido de terciopelo negro, estaba de pie junto a Elvira, quien se encontraba indefensa en su silla de ruedas.

Mi prometida arrojó a mi abuela al suelo, pero mi regreso cambió todo
—¡Firma de una vez, vieja estúpida! ¡No tienes a nadie que te defienda! —gritó Clara, con el rostro desfigurado por la codicia.

Elvira, con su vestido blanco de flores y el cabello canoso despeinado, lloraba desconsoladamente, aferrándose a las ruedas de su silla. Ante la negativa de la anciana, Clara perdió los papeles. Con una violencia brutal, la joven tiró de los brazos de Elvira hacia atrás, arrastrándola fuera de la silla. La anciana cayó pesadamente sobre el pavimento de piedra, soltando un grito de dolor absoluto.

—¡Ah, para, por favor! —suplicó Elvira, retorciéndose en el suelo.

La furia que invadió a Mateo fue instantánea y devastadora. Olvidando toda disciplina militar, corrió hacia ellas como un torbellino de rabia.

—¡Monstruo! —rugió con voz atronadora.

Mateo arremetió contra Clara, empujándola violentamente contra el suelo. Clara gritó de terror al ver al imponente soldado sobre ella. Con un movimiento final, Mateo pisó con fuerza el suelo junto a su cabeza, mirándola con desprecio infinito.

—¡Esto es por ella! —sentenció Mateo, mientras Clara temblaba de miedo.

—sentenció Mateo, mientras Clara temblaba de miedo.