La traición en el altar que desató el caos absoluto en mi boda
El altar de las mentiras
El aroma a incienso y azahar llenaba la histórica parroquia de San Jerónimo, un majestuoso templo de piedra en el corazón de Sevilla. Josué, impecable en su traje gris marengo, esperaba al final del pasillo. Frente a él, Catalina avanzaba con paso grácil, envuelta en un velo de encaje que parecía el símbolo de la pureza absoluta. A su lado, Estefanía, la dama de honor vestida de rosa pálido, sonreía con una complicidad que todos interpretaron como pura amistad. Nadie sospechaba que bajo el suelo sagrado de aquella iglesia se estaba gestando una de las mayores traiciones de la historia familiar.
Justo cuando el sacerdote se disponía a iniciar el rito sagrado, el teléfono de Josué vibró con una insistencia inusual. Al deslizar la pantalla, un frío glacial le recorrió la espina dorsal. Era una grabación de audio enviada de forma anónima. En ella, las voces de Catalina y Estefanía planeaban con lujo de detalles cómo acabar con la vida de su padre convaleciente para acelerar el cobro de una millonaria herencia. Las palabras «un par de dosis más en su copa y el viejo no pasará de este mes» resonaron en la mente de Josué como un disparo.

«¿Ocurre algo, mi amor?», preguntó Catalina con una voz falsamente dulce.
La confrontación fue inmediata. Josué, con los ojos inyectados en sangre, las acusó en voz alta frente a toda la congregación. Al verse descubierta, Estefanía reaccionó con una violencia desesperada, lanzando un golpe con su bolso hacia el rostro del novio. Pero Josué, impulsado por una mezcla de adrenalina y desengaño, bloqueó el impacto con el antebrazo y le propinó una bofetada seca que la mandó al suelo. Catalina, perdiendo toda compostura, se abalanzó sobre él con las uñas listas para atacar, pero Josué esquivó el embate, le cruzó la cara con la mano abierta y, con una patada alta y precisa, la proyectó contra los bancos de madera, desatando el pánico absoluto entre los invitados.
”Catalina, perdiendo toda compostura, se abalanzó sobre él con las uñas listas para atacar, pero Josué esquivó el embate, le cruzó la cara…