Traición · Historia

La traición en el altar que desató el caos absoluto en mi boda

La traición en el altar que desató el caos absoluto en mi boda — Parte 2
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Anteriormente: El día más feliz de Josué se convirtió en una pesadilla cuando descubrió el oscuro secreto que su prometida y su dama de honor ocultaban antes de dar el sí.

La confesión que heló la sangre

El caos se apoderó de la parroquia. Los gritos de las tías de Catalina y los murmullos horrorizados de los amigos de la familia crearon un eco ensordecedor bajo la cúpula de la iglesia. Algunos invitados intentaron abalanzarse sobre Josué para detener lo que consideraban una agresión injustificada. Sin embargo, antes de que alguien pudiera tocarlo, Mateo, el hermano menor de Josué, corrió hacia el altar con el sistema de sonido portátil de la iglesia y conectó el teléfono.

Las voces de la novia y la dama de honor comenzaron a retumbar con una nitidez espantosa por los altavoces del templo. La confesión era innegable: planeaban apoderarse de los viñedos familiares y deshacerse de Josué una vez que el matrimonio estuviera consumado y la herencia de Don Aurelio estuviera asegurada. La multitud enmudeció al instante; las miradas de reproche se transformaron en expresiones de absoluto asco y desprecio hacia las dos mujeres que aún intentaban incorporarse del suelo.

La traición en el altar que desató el caos absoluto en mi boda
«¡Es mentira! ¡Ese audio está manipulado!», gritó Catalina, con el vestido de novia manchado de polvo y el peinado completamente deshecho.

Pero su desesperación la delató. Al ver que la policía local hacía su entrada por el portón principal, Estefanía, acorralada y con el labio partido, soltó una risa histérica que heló la sangre de todos los presentes. Miró directamente a Don Aurelio, quien observaba la escena desde su silla de ruedas con el rostro pálido y desencajado.

«Aunque nos detengan, ya es demasiado tarde para el viejo», siseó Estefanía con malicia. «¿O es que olvidáis quién le sirvió la copa de vino de bienvenida en la sala de espera?»

En ese instante, Don Aurelio se llevó una mano al pecho, ahogando un grito de dolor mientras su respiración se volvía errática. El pánico volvió a apoderarse del lugar, y Josué sintió que el mundo se derrumbaba por segunda vez en la misma tarde.

El pánico volvió a apoderarse del lugar, y Josué sintió que el mundo se derrumbaba por segunda vez en la misma tarde.