Traición · Ficción breve

Mi esposo me echó bajo la lluvia sin saber quién vendría a defenderme

Mi esposo me echó bajo la lluvia sin saber quién vendría a defenderme — Parte 1
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Una tormenta de traición

El cielo sobre Toledo se había teñido de un gris plomizo, desatando una lluvia torrencial que golpeaba sin piedad las tejas rojas del chalet familiar. Para Elena, el frío de la tormenta no era nada comparado con el hielo que se había instalado en su corazón. Con ocho meses de un embarazo delicado, se encontraba de rodillas sobre las baldosas mojadas del patio exterior. Su vestido de lino blanco estaba completamente empapado, pegándose a su vientre abultado mientras sollozaba sin consuelo.

En el umbral de la puerta, resguardado de la lluvia y bajo la cálida luz del recibidor, se encontraba Mario, su esposo. Vestía una elegante camisa gris de vestir y pantalones negros, pero su rostro estaba desfigurado por una mueca de desprecio absoluto. Justo detrás de él, con una sonrisa maliciosa y un vestido rojo que parecía gritar traición, estaba Sofía, la mujer que Elena una vez consideró su mejor amiga.

Mi esposo me echó bajo la lluvia sin saber quién vendría a defenderme
¡Eres una carga inútil!

El grito de Mario resonó por encima del estruendo de los truenos. Sin un ápice de humanidad, el hombre levantó el pie y le propinó una patada en el hombro, enviando a Elena directamente al suelo empapado. Ella soltó un jadeo de dolor, protegiendo instintivamente su vientre con ambos brazos.

Pero antes de que Mario pudiera cerrar la puerta para siempre, una silueta irrumpió desde la penumbra del jardín. Era Valeria, la hermana mayor de Elena, quien acababa de regresar de su despliegue militar en el extranjero. Vestida con su uniforme de camuflaje de las fuerzas armadas y con una mirada cargada de una furia implacable, Valeria corrió hacia el porche.

Sin dudarlo un segundo, Valeria lanzó un puñetazo directo a la mandíbula de Mario. El golpe fue tan certero que el hombre se tambaleó hacia atrás, chocando contra Sofía y arrastrándola con él al suelo del vestíbulo. Valeria se mantuvo firme bajo la lluvia, erigiéndose como un escudo protector para su hermana.

Valeria se mantuvo firme bajo la lluvia, erigiéndose como un escudo protector para su hermana.