Secretos de familia · Ficción breve

El secreto de la pulsera blanca que mi madre me entregó antes de huir

El secreto de la pulsera blanca que mi madre me entregó antes de huir — Parte 1
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La marca del peligro

El ambiente en el recinto ferial de aquella pequeña localidad madrileña estaba cargado de humedad y del olor dulzón de los puestos de comida rápida. Bajo la parpadeante iluminación de las bombillas de colores, el asfalto mojado brillaba como un espejo oscuro. Daisy se encontraba sentada en el suelo, temblando, con la mirada perdida en las anillas de cebolla esparcidas a su alrededor tras una caída apresurada. El pánico la dominaba por completo.

Fue en ese instante de desolación cuando apareció Jairo. Con su imponente presencia, el pelo rapado y un chaleco vaquero que delataba su pertenencia al mundo de las motos, se arrodilló frente a ella sin importarle la suciedad del suelo. Con una delicadeza que contrastaba con su rudo aspecto, apartó suavemente la venda del hombro de Daisy, descubriendo una pulsera blanca de plástico que rodeaba su muñeca.

El secreto de la pulsera blanca que mi madre me entregó antes de huir
¿Quién te dio esto?

La voz de Jairo era un susurro ronco, cargado de una urgencia contenida que hizo que a Daisy se le encogiera el corazón. Ella, con los ojos empañados por las lágrimas, apenas pudo articular palabra.

Mi madre. Antes.

Antes de que pudiera dar más explicaciones, un destello azul reflejado en los charcos alertó a Jairo. Con la rapidez de un felino, levantó la vista, detectando la amenaza inminente en la distancia.

¡Al suelo! ¡Rápido!

El motero tiró de Daisy hacia el suelo, cubriéndola con su cuerpo robusto detrás de unos contenedores industriales. Apenas unos segundos después, tres coches de policía pasaron a gran velocidad, con las luces de emergencia encendidas pero sin sirenas, barriendo la zona con sus focos de búsqueda. Daisy contuvo el aliento, sintiendo el latido desbocado de su protector. El peligro real acababa de comenzar y no tenían dónde esconderse.

El peligro real acababa de comenzar y no tenían dónde esconderse.