Me tendieron una trampa para encerrarme, pero en prisión aprendí a defenderme
El violento bautizo de la celda 12
El aire en la celda de la prisión de Cruz del Sur era denso, impregnado de un olor a humedad y desinfectante barato que se colaba hasta los huesos. Sara, una joven de apenas veinticinco años, delgada y con el cabello oscuro recogido en una trenza impecable, miraba el techo gris de su litera. Solo llevaba veinticuatro horas en aquel infierno de hormigón, pero ya sentía el peso de una condena injusta sobre sus hombros. Su único consuelo era el silencio momentáneo de la tarde, un lujo que estaba a punto de desvanecerse.
De repente, una fuerza brutal la arrancó de sus pensamientos. Carla, una reclusa corpulenta de casi cuarenta años, con el cabello rubio recogido en una coleta desaliñada, tiró de ella con una violencia salvaje. Sara voló por los aires y cayó pesadamente sobre el frío suelo de cemento, perdiendo el aire por el impacto. El dolor físico fue inmediato, pero la humillación ardió aún más en su pecho.

—El suelo es tuyo, novata —siseó Carla, sentada cómodamente en la litera inferior, mirándola con una sonrisa cargada de desprecio.
Las demás presas observaban desde las sombras de la celda, esperando ver las lágrimas de la nueva. Pero Sara no era de las que se rendían. Apoyando las palmas de las manos en el suelo, se levantó lentamente. Sus ojos oscuros, antes llenos de miedo, ahora brillaban con una furia fría y calculadora.
—Gran error, zorra —escupió Sara, clavando su mirada en la de su agresora.
Carla, enfurecida por el desafío, rugió y se abalanzó sobre ella. Pero la agilidad de Sara fue superior. Esquivó la embestida, conectó dos golpes certeros en las costillas de Carla y, aprovechando su propio impulso, la proyectó contra el suelo, inmovilizándole el brazo con una llave perfecta. Acercando su rostro al de la temible líder de la celda, le susurró al oído con una calma aterradora:
—Disfruta del suelo.
Al levantarse y ajustarse el uniforme deportivo de la prisión, Sara supo que acababa de ganar una batalla, pero la guerra dentro de Cruz del Sur no había hecho más que empezar.
”Acercando su rostro al de la temible líder de la celda, le susurró al oído con una calma aterradora:—Disfruta del suelo.Al levantarse y a…