Me tendieron una trampa para encerrarme, pero en prisión aprendí a defenderme
Anteriormente: Sara entró a una prisión de máxima seguridad siendo una víctima inocente, pero tras el brutal ataque de la reclusa más peligrosa, decidió que nadie volvería a pisotearla jamás.
Una traición oculta tras los muros
La victoria de Sara sobre Carla corrió como la pólvora por los pasillos de la prisión. Durante los días siguientes, las demás reclusas la miraban con un respeto temeroso, abriéndole paso en el patio y en el comedor. Sin embargo, Sara sabía que en un lugar como Cruz del Sur, la calma era solo el preludio de una tormenta mayor. Carla no era el tipo de persona que olvidaba una humillación pública, y su silencio solo significaba que estaba planeando su próximo movimiento.
La sospecha se confirmó una noche, durante la última ronda de limpieza en las duchas comunes. Mientras el agua caliente llenaba el espacio de vapor, Sara sintió una presencia a su espalda. Al darse la vuelta, se encontró con Carla, quien la observaba desde la entrada. Pero esta vez no había ira en su rostro, sino una mueca de amarga resignación.

—No me caes bien, novata, pero tengo que admitir que tienes agallas —dijo Carla, cruzándose de brazos—. Sin embargo, tus problemas aquí dentro no tienen nada que ver conmigo. Solo soy el brazo ejecutor.
Sara frunció el ceño, manteniendo la guardia en alto.
—¿De qué estás hablando? —preguntó con desconfianza.
—Tu querido esposo, Julián —reveló Carla con una sonrisa fría—. Me pagó una buena suma de dinero a través de su abogado para asegurarse de que no salieras viva de esta prisión antes del juicio de apelación. Quiere que tu silencio sea definitivo.
Las palabras cayeron sobre Sara como una losa de cemento. Julián, el hombre con el que había compartido su vida, no solo la había incriminado en su fraude millonario, sino que ahora intentaba asesinarla desde el exterior. Carla avanzó un paso, sacando un objeto afilado de fabricación casera que llevaba oculto en su uniforme.
—Él me prometió sacar a mi hermano de la cárcel si cumplía el trato —continuó Carla, sopesando el arma en su mano—. Así que comprenderás que esto no es nada personal, novata. Solo son negocios.
”Así que comprenderás que esto no es nada personal, novata. Solo son negocios.