Segundas oportunidades · Ficción breve

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada — Parte 1
Imagen del vídeo original

El patio de la lavandería

El patio de la lavandería de la prisión de Alcalá Meco estaba inusualmente caluroso aquella tarde de septiembre. Las sábanas blancas, tendidas en largas filas de alambre, ondeaban bajo el sol como una muralla de fantasmas que ocultaba la dura realidad del penal. Para Raquel, una joven contable que acababa de ingresar hacía apenas tres días, aquel lugar era un laberinto hostil. Sus manos, desacostumbradas al trabajo físico, ardían mientras escurría el agua jabonosa de los pesados barreños.

De repente, el silencio tenso del patio se quebró. Sin previo aviso, una pesada tabla de madera impactó con brutalidad en la espalda de Raquel. El golpe seco la derribó al instante sobre el áspero cemento. Al levantar la vista, mareada por el dolor, se topó con la mirada sádica de Mónica, una reclusa rubia y corpulenta que lideraba uno de los clanes más peligrosos del módulo.

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada
Esa es la nueva. ¡Ahora es mía! —declaró Mónica con una sonrisa de superioridad, buscando la aprobación de sus secuaces.

A pocos metros, Dolores, la veterana cabecilla que controlaba el contrabando de la prisión, soltó una carcajada ronca y señaló a Raquel con el dedo, disfrutando del espectáculo. Raquel intentó levantarse, pero el dolor en sus costillas se lo impidió. Mónica se preparó para propinarle un segundo golpe que la marcaría de por vida.

Fue entonces cuando la silueta de Claudia cruzó la línea de sábanas blancas. Con el cabello oscuro recogido en una trenza impecable y una calma imperturbable, Claudia avanzó hacia ellas. Mónica, viéndose desafiada, rugió de rabia y se lanzó al ataque. Sin embargo, Claudia esquivó el golpe con una agilidad pasmosa, bloqueó el brazo de su oponente y, tras una rápida combinación de golpes directos, proyectó el cuerpo de Mónica contra el suelo de hormigón. El impacto silenció a todo el patio.

Ella no le pertenece a nadie —sentenció una voz firme entre la multitud de reclusas, mientras Claudia se alejaba con paso firme sin mirar atrás.

El impacto silenció a todo el patio.Ella no le pertenece a nadie —sentenció una voz firme entre la multitud de reclusas, mientras Claudia…