Segundas oportunidades · Ficción breve

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Raquel ingresó en la prisión provincial, pensó que no sobreviviría a la primera semana. Sin embargo, un brutal ataque en el patio de lavandería reveló quiénes eran sus verdaderas aliadas.

La venganza nocturna

La noche cayó sobre la prisión trayendo consigo un silencio sepulcral, pero cargado de una tensión insoportable. Raquel se encontraba en su celda, incapaz de conciliar el sueño. Sabía perfectamente que las humillaciones en el patio nunca quedaban impunes. A las dos de la madrugada, un leve chasquido metálico la puso en alerta máxima. Alguien estaba forzando el cerrojo de su celda con una llave manipulada.

La pesada puerta de hierro se abrió lentamente, revelando tres siluetas oscuras en el umbral. Eran Dolores, Mónica con el rostro vendado debido a la paliza de la tarde, y una tercera reclusa que sostenía un objeto punzante de fabricación casera. El odio en sus ojos era palpable en la penumbra.

Detrás de las rejas encontré mi peor pesadilla, pero también a mi salvadora inesperada
¿Pensabas que esa maldita te protegería para siempre? —susurró Mónica con voz ronca, llena de veneno—. Aquí pagas por lo que nos hiciste.

Raquel se encogió contra la pared de su litera, sintiendo que su vida llegaba a su fin. Sin embargo, antes de que las agresoras pudieran dar un paso más dentro de la celda, una sombra emergió de la oscuridad del pasillo. Era Claudia. Había previsto el ataque y había estado vigilando desde las sombras del pasillo de seguridad.

La confrontación fue rápida y silenciosa, para no alertar a los guardias del turno de noche. Claudia neutralizó a la reclusa armada con un golpe preciso en la muñeca, haciendo que el arma cayera al suelo con un tintineo sordo. Dolores intentó intervenir, pero Claudia la arrinconó contra el marco de la puerta con una mirada tan fría que paralizó a la veterana delincuente.

Si vuelven a tocar a la nueva, revelaré al alcaide dónde esconden el cargamento de sustancias que entró ayer en la cocina —amenazó Claudia en un susurro gélido—. Ambas sabemos que eso significaría diez años más de condena para ti, Dolores. ¿Vale la pena el riesgo por una simple venganza?

¿Vale la pena el riesgo por una simple venganza?