Traición · Ficción breve

Mi esposo y su madre me destruían en secreto, hasta que mi hermano soldado regresó

Mi esposo y su madre me destruían en secreto, hasta que mi hermano soldado regresó — Parte 1
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El regreso de las cenizas

El majestuoso salón de columnas blancas de la mansión familiar, situado en las afueras de Toledo, se había convertido en una cámara de tortura psicológica y física para Clara. Arrodillada sobre el frío suelo de mármol, con su hermoso vestido de seda color crema manchado de polvo y barro, la joven sollozaba sin consuelo. El dolor físico apenas se comparaba con la profunda traición de quienes debían protegerla.

Frente a ella, Doña Leonor, vestida con un impecable traje turquesa, sostenía un látigo de cuero con una frialdad aterradora. A su lado, su propio esposo, Javier, ataviado con un costoso traje gris, observaba la escena con una sonrisa burlona en el rostro, aplaudiendo de manera rítmica e hiriente. Cada palmada resonaba en las paredes del salón como una burla a su dignidad.

Mi esposo y su madre me destruían en secreto, hasta que mi hermano soldado regresó
blockquote>«Aprenderás a respetar las reglas de esta casa, Clara. Aquí no eres más que una intrusa», siseó Leonor con desprecio, levantando el látigo.

Clara cerró los ojos y se preparó para el impacto del golpe, pero este nunca llegó. En su lugar, un violento estruendo sacudió la estancia cuando las pesadas puertas de madera noble se abrieron de par en par. Un hombre alto, vestido con el uniforme militar de campaña pixelado del ejército español, irrumpió en el salón a toda velocidad. Era Mateo, el hermano de Clara, a quien todos daban por muerto en una misión extranjera.

La mirada de Mateo se cruzó con la de su hermana maltrecha y, en un segundo, su expresión se transformó en pura furia. Sin detener su carrera, se abalanzó sobre Leonor. Con un movimiento rápido y certero, la tomó por el cuello y la empujó hacia atrás, estrellándola contra una de las majestuosas columnas blancas. El impacto hizo crujir el yeso y la mujer se desplomó en el suelo, jadeando por aire, mientras el látigo rodaba por el mármol.

El impacto hizo crujir el yeso y la mujer se desplomó en el suelo, jadeando por aire, mientras el látigo rodaba por el mármol.