Traición · Historia

Una oficial de prisiones se enfrenta a la mujer que destruyó a su familia

Una oficial de prisiones se enfrenta a la mujer que destruyó a su familia — Parte 1
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El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de la prisión de Soto del Real, tiñendo el cemento de un tono gris descolorido y polvoriento. Sara, con la cabeza rapada al ras y el uniforme azul marino de funcionaria de prisiones impecablemente ajustado, empujaba con parsimonia un cepillo de cerdas duras. Barría los restos de tierra y hojas secas, manteniendo la mirada baja pero los sentidos alerta. En ese entorno hostil, cualquier debilidad podía ser una sentencia de muerte.

De repente, el chirrido metálico de unas ruedas rompió el murmullo de las reclusas. Begoña, una mujer corpulenta de mirada desafiante y cabello castaño rizado, se interpuso en su camino. Vestida con el chándal gris reglamentario de las internas, empujaba un contenedor de basura cargado de desperdicios. Con una sonrisa cargada de desprecio, Begoña volcó el contenedor justo frente a las botas de Sara, esparciendo cáscaras de fruta y papeles sucios por el suelo recién barrido.

Una oficial de prisiones se enfrenta a la mujer que destruyó a su familia

Las internas que observaban desde los bancos de hormigón contuvieron el aliento. Era una prueba de fuerza pública. Sara se detuvo en seco, apretando el mango de madera del cepillo. Levantó la vista y sus ojos se clavaron en los de la reclusa con una frialdad glacial.

¡Déjate de tonterías, zorra!

La respuesta de Begoña fue inmediata y violenta. Lanzó un puñetazo directo a la mandíbula de la oficial. Pero Sara no era una presa fácil. Con un movimiento felino, esquivó el golpe inclinando el torso. Aprovechando el impulso de su oponente, Sara conectó dos golpes rápidos en el abdomen de Begoña y, con un giro perfecto, lanzó una patada alta que impactó de lleno en el pecho de la reclusa. El impacto mandó a Begoña de espaldas contra el duro cemento.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Sara se arrodilló sobre ella, la aferró violentamente del cabello rizado y le levantó la cabeza para susurrarle al oído:

Fuera de mi vista.

La soltó con desprecio y se alejó con paso firme, dejando a Begoña jadeando en el suelo.

El impacto mandó a Begoña de espaldas contra el duro cemento.Antes de que nadie pudiera reaccionar, Sara se arrodilló sobre ella, la afer…