Una oficial de prisiones se enfrenta a la mujer que destruyó a su familia
Anteriormente: Sara, una dedicada funcionaria de prisiones, soporta las provocaciones de una peligrosa reclusa en el patio. Pero detrás de la violencia física se esconde un secreto familiar devastador que cambiará sus vidas para siempre.
La revelación en la penumbra
Aquella misma noche, el silencio del pabellón de aislamiento solo era interrumpido por el goteo de una tubería lejana. Sara, aprovechando su turno de guardia nocturna, se deslizó por el pasillo en penumbra hasta la celda de Begoña. En su mano derecha apretaba un objeto que había recogido del suelo del patio tras la pelea: una pequeña medalla de plata doblada con la figura de San Cristóbal. Era la medalla de su hermano Hugo, el joven que supuestamente había muerto atropellado por Begoña tres años atrás.
Sara abrió la pesada puerta metálica con la llave maestra y entró silenciosamente. Begoña, acostada en su litera, se incorporó de golpe con una mueca de dolor, frotándose las costillas heridas. Al ver a la oficial, se puso a la defensiva, pero sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando Sara alzó la medalla de plata bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por los barrotes.

¿De dónde has sacado esto, Begoña? Dime la verdad o te juro que haré de tu estancia aquí un infierno viviente.
Begoña palideció, la arrogancia de la tarde desvaneciéndose por completo. Su respiración se volvió errática mientras miraba el amuleto.
No debiste venir aquí, Sara. Tu hermano no murió en un accidente... A Hugo lo asesinaron antes de que yo subiera a ese maldito coche.
Las palabras cayeron como una losa en la celda. Sara sintió que la tierra se abría bajo sus pies. Begoña confesó que le habían pagado una fortuna para que asumiera la culpa del atropello y salvar al verdadero asesino. Cuando Sara le exigió el nombre del culpable, Begoña susurró con terror un nombre que destruyó el mundo de la oficial: Javier, el inspector de policía encargado del caso y actual prometido de Sara.
De repente, el eco de unos pasos pesados resonó en el pasillo exterior. Begoña agarró desesperadamente el brazo de Sara.
¡Vete ya! Javier sabe que estás investigando y viene a silenciarnos a las dos.
”Javier sabe que estás investigando y viene a silenciarnos a las dos.