Venganza · Historia

Arrastrada al suelo de su celda, descubrió el oscuro secreto de su enemiga

Arrastrada al suelo de su celda, descubrió el oscuro secreto de su enemiga — Parte 1
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El bautizo de fuego

La prisión de Cruz del Norte no perdonaba la debilidad. En el pabellón tres, el cemento frío y el olor a óxido eran un recordatorio constante de que cada día era una batalla por la supervivencia. Para Sara, una joven madrileña injustamente condenada por un delito financiero que no cometió, la pesadilla cobró una forma muy física: Carla. Con más de cuarenta años, un cuerpo imponente y el cabello rapado de un rojo encendido, Carla gobernaba las celdas con puño de hierro.

La tensión estalló una mañana gris, antes de que el silbato de los guardias marcara el inicio de la jornada. Sin mediar palabra, Carla se acercó a la litera donde Sara intentaba conciliar el sueño. Con una fuerza descomunal, aferró el tobillo de la joven y la arrastró violentamente hacia el suelo de concreto.

Arrastrada al suelo de su celda, descubrió el oscuro secreto de su enemiga
—El suelo es tuyo, novata —escupió Carla, sentándose en la litera inferior con una mueca de desprecio.

El impacto dejó a Sara sin aliento, pero el dolor físico fue devorado instantáneamente por una rabia que llevaba semanas acumulándose. Limpiándose un hilo de sangre de la frente, se levantó despacio, sosteniendo la mirada de su agresora.

—Gran error, zorra —susurró Sara.

Carla rugió enfurecida y se lanzó al ataque, pero Sara, cuya agilidad contrastaba con la pesadez de su rival, esquivó el golpe con precisión quirúrgica. Con movimientos rápidos aprendidos en años de defensa personal, conectó dos ganchos certeros en las costillas de Carla y, aprovechando su inercia, estampó su rostro contra el frío pavimento. En un segundo, la líder de la celda estaba inmovilizada en el suelo.

—Disfruta del suelo —le susurró Sara al oído antes de soltarla, mientras las demás reclusas observaban en un silencio sepulcral.

En un segundo, la líder de la celda estaba inmovilizada en el suelo.—Disfruta del suelo —le susurró Sara al oído antes de soltarla, mient…