Arrastrada al suelo de su celda, descubrió el oscuro secreto de su enemiga
Anteriormente: Sara pensó que su vida en prisión sería un calvario bajo las órdenes de Carla. Sin embargo, un violento enfrentamiento reveló una red de traición que podría devolverle la libertad.
La conspiración tras los muros
El triunfo de Sara duró poco. En una cárcel como aquella, humillar a la líder conllevaba una sentencia de muerte implícita. Esa misma tarde, durante el recreo en el patio de hormigón, una reclusa anciana se deslizó a su lado y le entregó un trozo de papel arrugado. Las palabras escritas a mano helaron la sangre de Sara: "Carla no te odia por capricho. Su abogado recibe transferencias de tu exjefe".
Todo encajó con una claridad aterradora. Su exjefe, el verdadero cerebro detrás del desfalco multimillonario por el que ella pagaba condena, no se había conformado con verla tras las rejas; quería asegurarse de que nunca saliera viva para testificar en su contra. Había pagado a Carla para que hiciera el trabajo sucio dentro del penal.

La confirmación llegó esa misma noche. Pasada la medianoche, las luces del pabellón se apagaron por completo, un hecho inusual que delataba la complicidad de los guardias de turno. El chirrido metálico de la puerta de la celda al abrirse rompió el silencio. Sara se incorporó lentamente en su litera y vio la silueta de Carla recortada por la débil luz del pasillo. En su mano derecha sostenía un punzón carcelario de fabricación casera.
—Se te acabó la suerte, novata. De aquí no sales —siseó Carla, avanzando con paso firme en la oscuridad.
Sara no gritó. Sabía que los guardias corruptos ignorarían cualquier llamada de auxilio. En su lugar, utilizó la única arma que le quedaba: la información que había obtenido gracias a su astucia y a sus contactos en el exterior antes de ser procesada.
—Si me matas, Carla, tu hijo nunca recibirá el tratamiento médico en Suiza. Tu jefe te está usando, y yo soy la única que sabe dónde está el dinero que te prometieron —reveló Sara con voz firme.
Carla se detuvo en seco, con el metal afilado a escasos centímetros del pecho de Sara, mientras sus ojos se abrían con incredulidad.
”Tu jefe te está usando, y yo soy la única que sabe dónde está el dinero que te prometieron —reveló Sara con voz firme.Carla se detuvo en…